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domingo, 7 de octubre de 2018

Las botellitas de la idiotez


Recuerdan...? La imagen muestra un producto de la canasta alimentaria, de los tantos que se solían vender hace unos años en Israel. De aquellos que todos los que vivimos en los países llamados “desarrollados” nos podemos vanagloriar de tener en nuestro consumo diario mientras grandes mayorías devastadas por el propio hombre y la naturaleza se debaten cada día entre la alternativa de beber agua potable o no. O si incluso carecerán de esta última opción para el caso de no contar con otra mejor. Se trataba de esos productos lácteos de los que prometían (y continúan haciéndolo) mantener intacta nuestra salud con el ejército de millones de “bacterias buenas” que contienen. 

No sé decir lo que sucede en otros países, pero aquí el diseño de la botella plástica de una de las marcas que se comercializan muestra a las claras (como tantas otras muestras existentes en el mercado mundial y que nos sería imposible de mencionar) que la idiotez humana no sólo no disminuye sino que crece. Y como de costumbre, de ello se “nutren” los inescrupulosos de siempre. 

Los mencionados envases sólo sirven a los efectos de mantener su contenido para que luego de ser ingerido sea arrojado a la basura. Creo que a nadie se le ocurriría decorar algún estante o repisa de su casa con la pequeña y original “obra de arte”. Entonces, ¿porqué tal diseño? ¿Quizás para que el consumidor introduzca el dedo y descubra que del otro lado no hay nada más que aire? Creo que la intención también resulta más que clara. Además de la originalidad de su diseño, me parece que con ello lograban engañar al consumidor con un efecto psicológico. Colocaban dentro de dicho envase menor cantidad del milagroso líquido preventivo y curativo de enfermedades del que entraría en el tamaño de la botellita si la hubiesen fabricado como Dios manda, sin “agujeritos en su panza”. Sin embargo, ésta nos llegaba herida como si hubiera recibido un disparo de Máuser. Herida en sus verdaderas intenciones. Con un tremendo agujero en la lealtad de sus propósitos. Y no hablemos de aquellos supuestamente amigables microorganismos que parecían contener, y las largas disputas mediáticas surgidas en favor y en contra, de manera que nunca pudimos llegar a saber qué es lo que estábamos bebiendo... 

No sé porqué, aún hoy, en los tiempos que corren, todo esto me recuerda a ciertos líderes que con sus inmensos ejércitos también pregonan estar defendiendo a sus pueblos. Parece que muchas bacterias que no son siempre precisamente buenas nos invaden últimamente por todos los flancos. Sólo siendo un poco paranoicos y a riesgo de estar a veces viendo visiones es que podremos defendernos de tanto microbio. Y creanme, de lograrlo con éxito, no necesitaremos luego de ninguna poción mágica para mantenernos sanos y saludables. 

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