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martes, 2 de octubre de 2018

El ejercicio de la responsabilidad total (Autoayuda)


Aquí te traigo una práctica de la cual quizás puedas obtener algún provecho. Te propongo que comiences tu día consciente de tus pensamientos. Por supuesto, no de todos pues es prácticamente imposible e innecesario a los efectos del presente ejercicio. Es sencillo, tu actividad durante el transcurso del día (es decir, tu afuera) irá condicionando tus pensamientos (tu adentro o mundo interior). Intenta ser consciente de lo que piensas al respecto de lo que va sucediendo. Si crees que esto es evidente, pues no lo es. Ni bien comiences el ejercicio advertirás que la mayor parte de nuestros pensamientos diarios pasan por nuestra mente sin que tengamos siquiera idea de ellos. Estamos muy ocupados en el afuera.

Intenta concentrarte en cada uno por separado. Los que provengan de tu inmediata actividad y de lo que suceda en el preciso momento que estás viviendo, como así también de hechos que habiendo sucedido en el pasado aún producen sentimientos en ti. O respecto de las fantasías del futuro que generen una movilización afectiva en tu interior.

Para que la idea quede clara te daré cuatro ejemplos:

1. Suponte que estás trabajando en una oficina y empiezas a imaginar lo bonito que lo pasarás en tus vacaciones que comenzarán en unos días más. Puedes continuar con aquellos pensamientos pero no nos servirán para nuestro ejercicio. No producen en ti los sentimientos que precisamos.

2. Acto seguido, se acerca tu jefe y empieza a increparte a los gritos por estar en las nubes, descuidando tu trabajo, según sus dichos. Y lo hace frente a todos los demás empleados. Amén de la reacción que tengas o no en el afuera, su actitud generará pensamientos en ti cargados de reacciones afectivas.

3. Luego miras por la ventana cercana a tu escritorio y observas que comienza a llover torrencialmente cuando habías quedado en ir a pasear y salir de compras con una amiga al salir del trabajo. Esta situación también generará ciertos pensamientos en ti.

4. Por último, vuelve de sus vacaciones una antigua compañera. Ella evitó que te promovieran en el trabajo unos meses atrás logrando la promoción para sí misma. La culpas por esta actitud o te culpas a ti mismo por no haberla podido superar.

Estos tres últimos ejemplos son del tipo que utilizaremos para nuestro ejercicio.
Una vez comprendido a qué clase de pensamientos deberás prestar atención, comencemos la práctica. Seguro que con ella se te hará cada vez más claro cuáles son los que debes utilizar.

Muy importante: No realizar el presente ejercicio si te encuentras conduciendo un vehículo, manejando alguna máquina, herramienta o aparato de cualquier tipo que demande tu completa concentración. Puede resultar peligroso realizarlo en dichas circunstancias.

Aclarado este concepto, continuamos. A medida que transcurre tu día intenta ser consciente de los acontecimientos que te generan un sentimiento o emoción. Sean estos insignificantes o de gran importancia para ti. Es decir, si estás a punto de cruzar la calle, parado junto al cordón de la vereda donde hay un gran charco de agua y pasa un vehículo a velocidad empapándote íntegramente, intenta registrar (aunque sé que a veces es difícil) cuál ha sido tu reacción espontánea en ese preciso momento. Ya sea exteriorizándola en gritos o guardándola para tus adentros. ¿Has insultado al conductor del coche responsabilizándolo por lo ocurrido? ¿O has asumido por completo la responsabilidad sobre los hechos? En general no se dan los casos en que se ha adoptado una posición intermedia creyendo ver responsabilidades compartidas. Al menos no en un primer momento, de manera espontánea e inmediata. Ten en cuenta que lo que aquí vale es la reacción impulsiva de tus pensamientos y no algo elaborado.

Y vuelvo a insistir: no te detengas en estos pensamientos mientras cruzas la calle pues no estarás atento al tránsito y puede resultar peligroso.

El mismo estilo de preguntas deberás formularte si se trata de situaciones que revisten una mayor gravedad o importancia. Puede tratarse de cuestiones de salud, negocios, rendir mal un examen, asumir una enfermedad propia o de alguien cercano afectivamente, pérdida de tus inversiones bursátiles, haber sufrido el despido en el trabajo, remate de tu vivienda por hipoteca impaga; divorcio, fallecimiento de un ser querido, robo, asalto o violación sufridos. O como he insinuado anteriormente, los desafortunados gritos de tu jefe. Es comprensible imaginar que en casos de extrema gravedad como algunos de los recién mencionados la persona afectada no se encuentre en condiciones de "jugar" con el presente ejercicio. Al menos, en el mismo momento o etapa de ocurridos los hechos. De todas maneras y como podrás observar, no existe límite alguno en los temas o situaciones que te puedan surgir sino en el tipo de pensamientos que provoquen en ti. Quiero que intentes registrar de manera consciente, si encuentras siempre un culpable a tus adversidades en la vida o asumes la responsabilidad de lo que te sucede. Ésta es la clave del ejercicio. Deberás tomar papel y lápiz e ir anotando en un cuaderno (o si eres más moderno y práctico, realizar los registros en las "NOTAS" de tu celular o utilizando cualquiera de las aplicaciones existentes) con la mayor frecuencia posible el título que le pondrás a cada situación (debe ser un título por el que puedas identificarla y recordarla bien incluso habiendo transcurrido el tiempo). Al lado de dicho título anota el resultado: "ME RESPONSABILIZO" o "NO ME RESPONSABILIZO". Este registro lo harás de la manera que más te plazca, con las palabras que tú mismo desees utilizar o en su defecto, con siglas. Lo importante es que cada situación y aun transcurrido mucho tiempo sea claramente identificada por ti conjuntamente con su resultado.

En tu cuaderno (o teléfono celular), que podrás titular: "Ejercicio de la responsabilidad total" irás registrando tus anotaciones por día. Revisarás sus resultados, uno a uno, cada día. La intención es descubrir en cuantas y cuales situaciones te has hecho cargo por completo y en cuales has depositado la responsabilidad en los demás (personas) o en alguna situación externa a ti (gobierno, terremoto, lluvia, entidades u organizaciones de todo tipo, etc.).

Ahora bien, debes comprender y aceptar a nivel cognitivo, que cada ser humano es responsable del 100 % de todo lo que le sucede en la vida, excepto del momento de partir. Éste nos llega a todos en el momento que nos debe llegar y no existirá responsabilidad alguna de nuestra parte más que aceptar el hecho natural de la despedida de esta vida (Nótese que me refiero estrictamente al momento final y no a los motivos que lo causaron). Si no aceptamos la comprensión y convicción absoluta sobre estas premisas será inútil llevar a cabo el ejercicio, pues no arrojará resultado alguno. En ese caso hago llegar mis disculpas al lector/a que haya llegado hasta aquí con la lectura.

A los lectores que sí comprenden que la descripta es la situación, no tendrán más que revisar sus anotaciones en dicho cuaderno, al final de cada día. Vuelvo a insistir en la necesidad de que el resultado en cada situación sea el producto de la primera reacción impulsiva del individuo (pensamiento) ante cada hecho o situación. El ejercitante deberá detenerse en cada uno de los casos en que ha subrayado "NO ME RESPONSABILIZO" e intentar encontrar su error conceptual. Deberá descubrir su responsabilidad total en el hecho y no lo dará por finalizado hasta tanto haya llegado a la conclusión que se busca. Al lado de cada ejercicio habrá una última columna titulada: "RESULTADO FINAL". Es donde deberás marcar un tilde de aprobación una vez hayas alcanzado el resultado buscado en cada ejercicio, es decir, haber descubierto tu responsabilidad total y absoluta en dicha situación. Si luego de un tiempo de elaboración no llegaras a buen término en un ejercicio podrás pasar al siguiente y así sucesivamente, para luego volver a los que han quedado pendientes de solución. Para ello contarás con la columna final que registrará el resultado aprobatorio de cada ejercicio.

Existen dos motivos principales que nos llevarán a asumir nuestra responsabilidad total y absoluta (que no significa "culpabilidad" en ningún caso) en todas las situaciones que vivamos y por más absurdo que a veces esto se nos pueda presentar:

- la primera, consiste en pensar que si existe siempre alguna forma de descubrir nuestra total responsabilidad en lo que nos sucede al poder encontrar alguna manera en que pudiéramos haberla evitado, ello significará que con ese pensamiento estaremos en lo cierto. Aquí debo hacer una aclaración y la haré con un ejemplo:

"El fallecimiento de un ser querido, por ejemplo, no será un hecho que nos ha ocurrido a nosotros sino a ese ser querido. Pero este suceso provocará una situación en nosotros producida por nuestro malestar afectivo. Deberemos buscar nuestra responsabilidad total sobre este hecho, el malestar afectivo que sentimos; y no sobre el fallecimiento que, por supuesto es un hecho ajeno a nosotros".

- la segunda, es una cuestión de conveniencia, puesto que si descubrimos este principio en nuestras vidas lograremos vivirlas con un mayor control sobre las mismas. El razonamiento es el siguiente: si la responsabilidad de nuestras situaciones vividas queda depositada en los demás o en hechos ajenos a nosotros mismos deberemos reconocer no tener acceso al control sobre las mismas. Si en cambio, nos erigimos en responsables absolutos de dichas situaciones seremos los "masters" (dueños) de nuestras propias vidas al lograr mantener su control exclusivo en nuestras manos.

El ejercicio finalizará el día que encontremos nuestro cuaderno con todos los "tildes de aprobación" (en la columna final del mismo) respecto de cada una de nuestras situaciones vividas y podamos a la vez comprobar que en los días siguientes nuestro cuaderno se llena de situaciones y hechos que se hacen acreedores al mismo "tilde de aprobación" en la última columna de nuestro cuaderno, ya sin tener la necesidad de descubrir en forma racional nuestra responsabilidad total en todo lo que nos ocurre. Entonces nos veremos sorprendidos por el hecho de percibirnos responsables exclusivos sobre nuestras vidas, de manera natural y espontánea.

Definitivamente, nuestra forma de ver la vida y particular manera de vivirla habrán cambiado para siempre.
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