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miércoles, 3 de octubre de 2018

El conejo de la galera


"Quien no arriesga no gana"

Error. En el concepto o en su forma de expresarlo.

Gana quien arriesga lo que quiere sin dejarse influir por equívocas ideas que le aseguren que sólo arriesgando se puede ganar. Hay quienes en determinadas circunstancias prefieren aferrarse a una situación dada y segura en vez de arrojarse en los brazos de brillantes promesas que no son más que eso, promesas. Y que sólo luego de haber arriesgado podrán saber si se han hecho realidad.

No estoy intentando insinuar que nunca valga la pena arriesgar. Deseo dejar en claro que cuando se decide hacerlo es importante tener en claro que de eso se trata. De un riesgo que hemos decidido tomar. Entonces ello significará que si luego resulta que perdimos lo que esperábamos obtener asumiremos conformes los hechos, sin necesidad de reclamar nada de nadie y sabiendo que las situaciones son sólo seguras una vez que se han dado. Y aun así, una vez seguras se pueden volver a perder. Porque también es sabido que la seguridad total y completa no existe. Excepto la muerte, toda seguridad no es del todo segura.

No es que no quiera entender que el dicho se refiere a que si no probamos arriesgándonos nunca podremos ganar. Pero el error aquí proviene de atribuir al verbo "ganar" un significado que no posee. Uno puede sentirse un ganador en la vida decidiendo aceptar las situaciones seguras y sin correr riesgos. O en última instancia, haciéndolo estrictamente cuando uno lo decide y a sabiendas que la moneda podrá caer sobre cualquiera de sus lados.

Los abundantes textos dándonos cantidad de ejemplos con nombres y apellidos, sobre gente que arriesgando ha ganado todo y logrado el éxito que perseguía en la vida olvidan mencionar los otros ejemplos, que serían imposibles de detallar pues son mucho más abundantes que los primeros. Estos últimos hablan de la gente que todo lo perdió. Y ello sería lo de menos si su actitud hubiese derivado del conocimiento del riesgo y no del convencimiento de que el resultado único posible de su acción sería ganar.

Insisto, no hay nada malo en arriesgar. Podremos jugar cuantos números queramos comprando billetes de lotería con todas las terminaciones siempre y cuando seamos conscientes de que podremos aparecer luego del sorteo, entre las pocas familias de ganadores o quedar acompañando a los millones de esperanzados en una próxima oportunidad.

El conejo saliendo de la galera lo podremos observar asistiendo al espectáculo de algún mago.

"Cuando se pierde sabiendo que se podía perder, también se gana.
Se ha ganado en experiencia y sabiduría"

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