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sábado, 1 de septiembre de 2018

"Todo lo que no desees no lograrás"



El idioma de la Naturaleza

"Todo lo que desees lo puedes lograr". Una frase que ha obtenido gran popularidad en los últimos tiempos, en especial con el auge de los innumerables métodos y técnicas de autoayuda. Pero yo más bien diría: "todo lo que no desees no lograrás".

El debate sobre la fidelidad y certeza de este tema quizás sea otro. Es conveniente como también cierto que lo que se intenta es crear una poderosa confianza en sí mismo. Pero convengamos en que esto no resultará suficiente si en repetidas ocasiones el individuo se encuentra con las barreras de la realidad que le impiden concretar lo que pareciera desear tanto. Y esto ocurre, más veces de las que quisiéramos y a más personas de las que podamos contar.

¿Qué es lo que sucede entonces? ¿Es que todo el asunto está basado en una mentirilla piadosa para que nos sintamos bien? No señor. Esto no es así. ¿Y de qué manera funciona entonces? Nada mejor que un ejemplo por medio del cual todos podamos entender lo mismo:

ABC es un verdadero tigre en ventas. Su nombre, el que le he dado, no es casual. Alude a que a veces él mismo no sabe si es A, B o C; y por ende no sabe qué es lo que quiere. Pero esta situación se asienta cómodamente en su subconsciente mientras ABC funciona en la vida derribando cuanto obstáculo se le interpone, seguro de saber lo que quiere. Donde vive ha trabajado en varios negocios dedicados a la venta de productos logrando siempre y al poco tiempo de haber empezado su nueva actividad, colocarse en el indiscutido puesto N° 1 entre los vendedores de la empresa. La competencia se lo disputa intentando contratarlo con tentadores contratos. Pero ABC no sabe que desea ser médico pediatra a pesar de que todos sus esfuerzos los está realizando para poder llevar a cabo con éxito aquellos costosos estudios universitarios. Abandona la empresa donde trabaja y a los competidores que merodean y viaja al exterior contratado por una importante y conocida empresa para desarrollar su hábil profesión de vendedor en un país con un muy elevado ingreso "per cápita", donde la demanda, el consumo y el alto poder adquisitivo de la población le aseguran al menos triplicar los nada despreciables salarios y comisiones que venía obteniendo en su lugar de origen.

Pero algo falla en el detallado y calculado programa llevado a cabo por ABC. Sus ingresos caen a la mitad y continúan cayendo. Día a día disminuyen y aunque aparece, de pronto aquí y allá, un esperanzador resurgimiento de las ventas, esto resulta muy esporádico y casual y sólo pronostica una continuación más pronunciada en la baja de las ventas. Los previsores ahorros de ABC, producto de épocas de bonanza en su ciudad natal, se diluyen y el riesgo de empezar una etapa de endeudamiento asoma a su vida como una amenaza vigente y no conocida por el joven vendedor con anterioridad. ABC posee espíritu de triunfador. No se deja deprimir por las circunstancias temporales del momento y continúa manteniendo el mismo entusiasmo en su tarea como si sus ingresos fueran diez veces mayores de lo que en realidad son. Él sabe lo que quiere (cree saberlo) y también sabe que lo puede lograr. Pero ¿dónde está el límite al esfuerzo que ABC debe realizar siempre en la misma dirección y sentido? ¿Existe ese límite o deberá continuar hasta el final? ¿Habrá un momento en dichas contrariedades en que a ABC se le ocurra pensar que quizás la naturaleza le está queriendo insinuar algo?

Cuando una persona ha decidido que quiere y puede lograr algo en su vida, los contratiempos surgidos no deben quitarle el entusiasmo, simplemente, debe saber poner límites a sus esfuerzos. De ese modo estará permitiendo a la sabia naturaleza conectarse con él. Y ésta siempre le dirá una de las siguientes dos cosas: si continuar luchando o cambiar de rumbo. En este segundo caso, también le hará saber:

- que en realidad no desea lo que cree que quiere lograr (por ejemplo: querer dejar de fumar, de beber o adelgazar, sin percatarnos de que éste es el deseo del ser querido que se encuentra a nuestro lado y de cuyo sentir nos hacemos eco como si fuera nuestro; o estudiar una carrera universitaria cuando en realidad no hacemos consciente de que éste es sólo el deseo de nuestros padres, etc.). En el caso específico de ABC, podría éste no advertir de manera consciente que su actividad como vendedor no le agrada para nada y que se trata de un arraigado deseo de su abuelo, famoso vendedor de éxito y que ha sabido transmitir su ilusión y esperanza de que el nieto continuara tan exitosa carrera. De ser así, la naturaleza no colaborará con ABC.

- o reafirma su deseo respecto de dicho logro pero puntualiza uno o más errores en la estrategia y los medios utilizados para llevarlo a cabo con éxito.

Todo en la vida tiene sus matices. El blanco contiene todos los demás colores. Es como la vida con su infinidad de posibilidades. El negro es la oscuridad, la falta de color. Sin embargo, oscureciendo el blanco de a poco iremos obteniendo matices del gris hasta llegar al negro. Viceversa ocurrirá lo mismo. Queremos algo. Lo deseamos mucho. Creemos que lo deseamos. Puesto que no somos perfectos entendemos que por alguna circunstancia desconocida podemos a veces creer que queremos algo que en realidad no queremos. Y no nos podemos dar cuenta. La naturaleza sí es perfecta y ella se encargará. Puesto que todo en la vida es energía y está allí. En realidad no debemos "lograrlo" sino simplemente reconocer que está y tomarlo. Atraerlo hacia nosotros (como bien dice la conocida "Ley de la Atracción"). La naturaleza es sabia. Sabe reconocer cuando algo no nos conviene (no nos pertenece, no lo queremos) y nos ofrece la aparente figura del fracaso. ¿Cuántas veces hemos reconocido luego de un fracaso el verdadero camino a lo que deseábamos?

¿Cuál es la diferencia entre tener tesón y tenacidad; por un lado; y ser testarudo, por el otro? Si nuestra personalidad obedece al primero de los casos no nos daremos por vencidos fácilmente, no abandonaremos nuestros objetivos ante el primer obstáculo. Sabremos pelear por lo que queremos hasta lograrlo. Pero tendremos nuestros límites. Entenderemos que todo en la vida está provisto de límites. No para limitar nuestras posibilidades de logros sino como herramienta que posee la naturaleza para mostrarnos que no siempre todo lo que creemos que queremos, en realidad deseamos.

La naturaleza tiene su propio lenguaje, que no es el español, el inglés, el chino ni ningún otro de los idiomas lingüísticos. Es el idioma de la naturaleza. Si lo aprendemos correctamente, si sabemos conectarnos con ella y permitirle que se conecte con nosotros, no habrá nunca nada que no podamos lograr siempre y cuando lo deseemos verdaderamente. Debemos estar permanentemente abiertos a los cambios que nos favorezcan. Dispuestos siempre a conocernos a nosotros mismos cada día un poco más sin especular con lo que encontremos.

ABC supo finalmente conectarse con la naturaleza. Es hoy un reconocido médico pediatra de éxito en algún lugar del planeta.


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