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sábado, 22 de septiembre de 2018

El misterioso dilema de “vaciar la mente”


Mucha gente aún hoy se plantea el siguiente interrogante: “¿Como voy a vaciar mi mente? La mente es mis pensamientos. Sería como intentar eliminarla”. En parte y según como se mire ellos tienen razón. La mente no es un órgano como el hígado o el riñón, que finalizando las diarias funciones que justifican su existencia siguen estando allí. Ésta es abstracta pero permanente. Pareciera que su función o funciones condicionan su propia existencia. Posee una misteriosa y todavía desconocida relación de causa-efecto con el cerebro, órgano tangible, “master” que dirige la “batuta” de nuestro complejo organismo. 

La liberación de sustancias químicas y función de los neurotransmisores del mismo poseen un efecto directo en nuestra mente. No me pregunten cómo es que esto sucede porque ni la ciencia médica lo tiene resuelto aún. Entonces, ¿cómo podremos vaciar nuestra mente sin que la misma desaparezca? En principio aclaremos que aunque fuéramos el mismo Houdini, a nuestra mente no lograríamos hacerla desaparecer. ¿Qué y cómo se hace pues, para vaciar la mente y que ésta continúe estando allí? Sencillamente cambiamos sus funciones. Es obvio que esto lo haremos de manera temporaria, únicamente durante el tiempo de meditación. 

Dentro de este mundo de lo desconocido en el que nos vamos introduciendo podríamos inducir que nuestra mente en vigilia piensa y siente. Mientras dormimos, sueña. Nos focalizaremos en su parte operativa durante el primero de los estados debido a que nuestros sueños, amén de su vital importancia y la de su interpretación, se encuentran fuera de nuestro panel de control, por lo cual no pertenecen al tema que aquí nos ocupa. 

Nadie dudaría que estando despiertos pensamos. Es una función de la mente, con servicio automático. Prescinde de nosotros lo cual no significa que si lo deseamos no podremos tomar las riendas de su actividad pensante. No así, los sentimientos, afectos y sensaciones. Si amo, odio, siento rencor o envidia, en principio deberé aceptar esta realidad. Nada puedo hacer de inmediato y de manera voluntaria para cambiarlos aunque sea lo que más desee. Luego, con el tiempo, existen diversos métodos para lograr quitarnos de encima el sentimiento que no deseamos sentir. Respecto de las sensaciones, teniendo éstas un importante ingrediente psicosomático, podrán ser neutralizadas si así lo deseamos por métodos que van desde la meditación, hipnosis u otras técnicas, hasta la ingestión de fármacos adecuados recetados por nuestro médico, como sucede cuando deseamos calmar un intenso dolor físico. Los primeros dos (sentimientos y afectos) serán siempre patrimonio de la mente. Las sensaciones aparecen también propias de la misma, por ejemplo, en los casos de angustia o depresión. No así, las pertenecientes al terreno físico expresado a través del cerebro, que envía estímulos nerviosos a la zona correspondiente, en el caso de un dolor de muelas. Aunque de acuerdo a lo visto anteriormente el origen de los tres se encontraría siempre en este último (el cerebro). 

Hemos acordado en que nuestra mente siempre piensa. Esa es su función principal y por la que se manifiesta una parte de la actividad cerebral. ¿Cómo haremos pues para colocar nuestra mente en blanco? Es decir, dejar de pensar. Cambiamos los pensamientos por las sensaciones. Nos concentramos en las diferentes partes de nuestro cuerpo e intentamos descubrir sensaciones. Para quien está habituado a meditar esta tarea será sencilla. Quien no cuente con la debida experiencia podrá descubrir y concentrarse en las sensaciones táctiles comunes del momento. El roce del pantalón o del vestido con la pierna, la presión de la cremallera de nuestro reloj en la muñeca, la sensación en la yema de nuestros dedos de algo que estamos tocando, el roce de nuestra respiración en su contacto con un punto de la o las fosas nasales, o de la piel de nuestro labio superior; una repentina sensación de picazón, calor, hormigueo o cualquier otra que apareciera en alguna parte de nuestro cuerpo servirá para distraer a nuestra mente de su continuo asedio con pensamientos. 

Pero entiéndase bien, no se trata de pensar en estas partes del cuerpo ni intentar ver el aire o la cremallera de nuestro reloj porque ello significaría continuar pensando. De lo que se trata es de dejarse sentir y concentrarse pura y exclusivamente en la sensación. Si lo logramos, habremos dejado de pensar. Y si logramos en un principio, mantener dicha situación por algunos segundos habremos logrado un importante éxito cuyo desarrollo futuro podrá traer importantes beneficios a nuestra vida. 

Para quienes como yo, acopian larga experiencia en un método de meditación que incluye la visualización (aunque hace ya algunos años que lo he cambiado), encontrarán una barrera agregada pero no infranqueable. Ello se debe a que al momento de intentar sentir alguna sensación en nuestro cuerpo, la mente, de manera automática visualizará dicha zona. En realidad, a los efectos de que la misma deje de pensar la tarea estará de todas maneras cumplida ya que visualizando un determinado punto del cuerpo ésta deberá dejar de pensar para ocuparse de la visualización, que es nuestra vista interna sin necesidad de utilizar los ojos. Pero en el caso que expongo y debido a un cambio operado en el método de meditación practicado, yo personalmente he resuelto servirme de la ayuda del sentido de la visión. Pero la real, la externa, la física. La que utilizamos con nuestros propios ojos. Así entendí que si aplicaba mi vista en un punto o zona real concentrándome en ello lograría distraer a mi mente de continuar visualizando. Así es como, con los ojos cerrados, comencé a mirar la parte interna de mis párpados, concentrándome en un punto de los mismos. Esto me permitió con el tiempo, lograr sentir todas las diferentes sensaciones en la superficie de mi cuerpo a la vez que mi mente se mantenía libre de pensamientos. No me equivoqué. La práctica continuada me daría la razón. 

Pero debo hacer notar que el párrafo anterior está dedicado a meditadores con cierta experiencia y que no necesariamente debe ser tomado en cuenta por el principiante que desea aprender a “vaciar su mente”. Lo he agregado debido a mi experiencia personal y su relación con el tema, pero con el debido cuidado de no confundir a quienes se encuentran en sus comienzos. 

En oportunidad de explicar los principios y las bases de la visualización y la concentración en el libro MediMente intenté dejar en claro la relación existente entre ambos conceptos a la hora de meditar. Pero no estoy seguro de haberlo logrado entonces. Espero esta vez, haber conseguido completar aquel trabajo inconcluso.
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