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domingo, 19 de agosto de 2018

Una cuestión de peso

Fuente de la imagen: http://www.4freephotos.com


El planeta se ha llenado de gordos. Pero no ha quedado aún satisfecho. El número continúa creciendo. El tema preocupa cada vez más. No es para menos. Pongamos a un lado a algunos países africanos y otros rincones de la Tierra, llamados “subdesarrollados”. Allí impera el total desabastecimiento, la escasez, la desnutrición como primer alimento de biberón, la muerte diaria a edad muy temprana. No son estos, lugares donde se conozca lo que es una dieta para adelgazar. Nuestro tema se centra en el resto del mundo, donde la mayor parte de las poblaciones añoran la posibilidad de poder comer menos y más saludable. Pero ésta parece ser una misión casi imposible. ¿Qué no se ha hecho para lograr que las ansiosas y tensionadas poblaciones de gordos pudieran alimentarse saludablemente, satisfacer sus deseos alimenticios y a la vez mantenerse delgados? ¿Queda algo por hacer al respecto? Los tiempos dirán. 

Mientras tanto, el tema no sólo preocupa a los propios interesados que buscan mejorar su calidad de vida. Los estados ven seriamente dañadas sus arcas, pues este pequeño pero a la vez gordo problema acarrea enfermedades, daña los mercados laborales y en los últimos años ha empezado a aparecer también en los niños y jóvenes. Diabetes, enfermedades cardíacas, elevada presión sanguínea y otras tantas patologías suelen empezar con un voraz apetito, luego, imposible de interrumpir. Treinta años atrás, la gordura no era considerada una enfermedad. Se estaba gordo, en peso adecuado o delgado. Y punto. Hoy día, se trata de una de las enfermedades que más muertes ocasionan en las sociedades modernas. Si a las tortas, quesos y demás manjares les agregamos la vida sedentaria en la que nos han sumergido las computadoras, móviles, tabletas y el maravilloso mundo ficticio de la arrasadora tecnología moderna, cuyo emblema más característico es paradójicamente una manzana mordida, excelente alimento para una sana dieta, podremos concluir que estamos frente a un verdadero problema de peso. 

En estos últimos años de lucha contra nuestros kilos de más han surgido dietas, aparatos, cirugías y métodos ofrecidos para adelgazar comiendo y sin esfuerzos. Pero en la mayoría de los casos, con el tiempo, se vuelve a recuperar el peso perdido y aún más. Seis años atrás apareció un invento científico consistente en un pequeño aparato que funcionaba como bomba y estaba conectado por un tubo que penetra el aparato digestivo. Se trataba de una cirugía mínima. Luego de haber ingerido los alimentos, el paciente conectaba el original artefacto y éste se encargaba de succionar un buen porcentaje de grasas y demás sustancias calóricas. De inmediato aparecieron serias opiniones profesionales de la medicina que desestimaban la posibilidad de que el método pudiera ofrecer resultados permanentes. Lo cierto es que transcurrido el tiempo el mundo continúa repleto de gordos. Y aún más que antes. 

Dicho todo lo anterior será fácil llegar a una determinante conclusión que podrá quedar resumida en una simple ecuación: sólo adelgazaremos si consumimos una menor cantidad de calorías (energía) de la que quemamos. No existen más secretos que el mencionado, excepto en los casos que la gordura u obesidad sea producida por problemas orgánicos, funcionales y/o fisiológicos que provocan el aumento de peso del paciente. De no ser así la fórmula es simple pero requiere de método, constancia y esfuerzo. Saber, a través del asesoramiento profesional, cuál es la dieta que más se adapta a nuestras necesidades y aplicarla sin miramientos. El esfuerzo quizás sea largo pero no permanente. Nuestro organismo terminará adaptándose y disfrutando de lo que le ofrecemos. En definitiva, se trata de realizar un “switch” en nuestra mente. Y no en nuestro estómago. Una vez conseguido esto, no volveremos a formar parte del mundo de los gordos. Nunca más. Mi experiencia personal es el único diploma que me autoriza a hablar.
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