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miércoles, 29 de agosto de 2018

Por favor, no despiertes (un cuento corto de terror)

Un corto viaje que nos llevará de la felicidad plena al pánico, de la mano del insomnio.


Estoy contento, feliz! ¡Qué linda es la vida cuando sus momentos nos sonríen! Siento tanto entusiasmo que me cuesta quedarme quieto en la cama. Quisiera correr, saltar. Gritarle al mundo lo felices que somos... Mmm, Marita ya se durmió. ¡Qué hermosa se la ve! Pobre, al final cayó rendida. El ajetreo, las emociones. No hace todavía un mes que nos casamos y enterarnos de sopetón que vamos a ser padres. ¡Tanto que lo buscábamos! Y de qué manera, Dios mío. Cuando me llamaron de su trabajo a la oficina pensé lo peor. Me quería morir... en una ambulancia hacia el hospital. ¡Qué susto! ¡Cuántas cosas me pasaron por la cabeza en la media hora que me tomó llegar! La primera fue pensar que se nos había cortado la buena racha. Y luego todas las demás, también malas. Me di cuenta que no puedo vivir sin ella... Es lo único que pensé en aquel momento. Con los nervios me había olvidado por completo de nuestra operación bursátil que nos agregó otra jugosa cantidad de dinero a todo el que ya habíamos ganado. ¡Y yo me había olvidado por completo! ¡Qué increíble! Descompuesta y todo, fue ella la que se acordó. Suerte que llegamos a tiempo para la operación. Si no Marita me mata. Mucho no me gustó la idea de traer tanta cantidad de plata a casa. Pero ella tenía razón. ¿Qué otra cosa podíamos hacer con el banco ya cerrado? De todas maneras es una cuestión de horas. A la mañana temprano lo llevo a depositar. Mira ahora cómo duerme mi angelito... y yo, hablando con mi almohada. Pensar que gracias al gordo de Navidad pudimos comprar la casa que Marita tanto quería. Coche nuevo, cancelación de todas las deudas, mi ascenso en la empresa, el éxito de la "quimio" en el tratamiento de mi suegra, esas vacaciones tan merecidas... ¡qué luna de miel la del Caribe! Esta brillante operación de hoy en la bolsa ¿Qué más podíamos pedir? Y ahora, para rematarla, la dicha más grande de nuestras vidas. Nuestro primer hijo en camino. No lo puedo creer. Tantas cosas, y todas buenas.

Solo, dentro de esta silenciosa oscuridad de la habitación, me siento el hombre más feliz del planeta. Sí, sí, mi Dulcinea duerme como un bebé. Y yo, su Quijote y escudero, velo por sus sueños. Soy feliz. Tanto que ya no logro contener esta felicidad dentro de mí. Con lo jóvenes que somos, hoy estuvimos hablando de nuestra vejez juntos, de cuando lleguemos a ser abuelos, de cómo malcriaremos a nuestros nietos brindándoles todo el amor y dedicación que les daremos también a nuestros hijos. Me causa gracia de sólo pensarlo. Si todavía ni siquiera hemos empezado... Pero con Marita estamos de acuerdo en algo. Formaremos una enorme familia de amor que se expandirá por generaciones. ¡Qué lindo! Nos reíamos ayer imaginándonos en una foto, muy viejitos, y rodeados de un enorme jardín de infantes de nietos, bisnietos, tatara... ¿Me escuchas, almohada? Me parece que me he cogido el insomnio más placentero de toda mi vida. Pero debo dormir, no puedo pasarme la noche alegrándome. El tiempo de ocio ha terminado y mañana desde las 8 empezará para mí un día de locos. Y debo estar bien despierto para cerrar los contratos apilados en la mesa de mi escritorio. Si no, mañana, las cosas buenas se habrán acabado. Quizás el miedo a que todo esto se termine es lo que me trae este puto insomnio. ¿No, almohada?...

¡Uy, ya casi las tres de la madrugada y yo todavía despierto! Doy vueltas y vueltas pero no hay caso. ¡Almohada, dime algo! ¿Mi dulce caramelo estará soñando conmigo? De seguro que si estuviese despierta ya me hubiese dado una brillante idea para poder dormir. ¡Seguro! Mi adorable Marita nunca me falla. Siempre tiene las mejores ideas.

Bueno, ya sé, intentaré poner en práctica algunas de las enseñanzas de mi suegro. Él es todo un maestro con su meditación. Pero lo que es yo nunca he dado pie con bola. A ver si por primera vez... me sale algo (me vendría tan bien en estos momentos...). relajar todo el cuerpo... cerrar los ojos... ¿cómo seguía? Ah, no pensar en nada...


Acá es donde siempre me pierdo. ¿cómo se hace para no pensar?...

¡BUM!... ¡CRAAASHHH!


¡Dios! ¿qué fue eso? Marita sigue durmiendo como si tal... abajo se escuchan voces... no lo puedo creer...


(Se escuchan voces en susurros):


- ¡Me-e tro-pe-cé, Ch-Cho-lo!


- ¡Shhhhhhhhhh, callate idiota, flor de momento elegís pa' tropezarte! NO HAGAS RUIDO. Sabés que si alguno de los dos se despierta los tenemos que liquidar. Te dije que pongas el silenciador a tu pistola.


- Sí, sí, Cholo. Se me había olvidado. Ya lo enrosco.


¡Dios mío, debo de estar soñando! Las voces vienen de abajo, del salón. ¿Qué ha-go? 


Es-toy-muer-er-to-deee-miii-e-do... Re-lá-ja-te... piensa, relá-jate... piensa. Res-pi-ra profundo. ¡Oy, Dios mío, se es-cuchan pa-sos! Cruje... la... madera... de los... escalones. Suben las es-cale-ras.... No-sé-que-hacer... No me que-da tiem-po para hacer na-da. ¡Uy, me estoy meando encima! No puedo llorar... si me ven llorando estamos perdidos. ¡Ay, que no se moje Marita... se puede despertar... 


RELAJARME-RESPIRAR PROFUNDO- QUE MARITA NO SE DESPIERTE. QUE SE LLEVEN TODO. ABSOLUTAMENTE TODO... Seguiré durmiendo... Cierro mis ojos y rezo. Que no le hagan daño. Que no nos hagan daño. Que se lleven todo... y se vayan rápido. Que no nos quiten esta felicidad. ¡ENTRARON EN LA HABITACIÓN! ¡Uy!... ESTÁN ARMADOS. Que no se den cuenta que estoy despierto. Tengo que saber fingir. SIGUE DURMIENDO, MI AMOR. POR FAVOR, TE LO PIDO. ¡Qué ganas de llorar que tengo!


(Se renuevan las voces en susurros, dentro ya de la habitación):


- Ves, ¿ves que están dormidos, Cholo?


- Shhhhh, mejor para ellos. Buscá adentro de esos cajones. Despacio, SIN-HACER-RUIDO.


¿Qué viene ese... Cholo... para acá... RELÁJATE-DUERME... NO TE DESPIERTES MARITA NNNO TE DEESPIER-TEEES... MMME RELAJO-DUERMO-ESTOY DORMIDO... NO PIENSO EN NADA (como dice mi suegro). ¿Porqué nos mira este tío? EESTA-MOS DORMIDOS... ¿Se dará cuenta que estoy mirando por la ranura del párpado...? No voy a mirar más por las dudas. Tengo que estar dormido... profundamente dormido... y Marita también. Si no... estamos perdidos. No podemos ahora fallarle a nuestra felicidad. No podemos. ¿Cómo nos vamos a despedir de nuestro hijo antes de conocerlo? No, no, no puedo llorar. Todo estará bien. ¡VÁYANSE DE NUESTRO LADO. ACÁ NO HAY NADA. TODO LO DE VALOR ESTÁ POR ALLÁ... en el placar (mis nervios van a estallar). ¡Noooooooo! N-o... no, por favor, no se-se-se acer-queen a ella. No, a Marita no... no la vayan a tocar... ¡está durmiendo! ¡Bien dor-mida! No ve ni escucha nada. Vayan, vayan para allá... Ahhhh, por fin... gracias, gracias... y no hagan ruido. Así Marita puede seguir dur-mien-do. Muchas gracias, muchachos. ¡Qué aliiivio! Sí, sí... allá... adentro del placar. Debajo de las toallas. Sí, sí... hay un cofre con... jo-yas. El alhajero. Ahora en el piso sí... qué suerte, parece como si me escucharan. En el piso... detrás del tapado de piel... el negro... ¡EEEESE! ¡SIIIÍ! Ahí está el bolso con toda la plata. ¡No saben la alegría que me da que lo hayan encontrado! Marita duerme. Sigue durmiendo, mi amor... sigue durmiendo, te lo ruego.


(Vuelven a escucharse las voces en susurros):


- Por fin, acá está el bolso con toda la plata, Cholo. ¡Qué bueno, ya nos podemos ir!


- Shhhhhhhhhhh, ¿qué te dije, papanatas? Todo esto se puede hacer SIN-HABLAR. NO-QUIERO-ESCUCHARTE-DECIR-NI-UNA-PALABRA-MÁS. Dame ese bolso. Agarrá la caja con las joyas y rajemos ya de acá. Laburo finiquitado.


¡CRAAASHHH!


(El alhajero cae pesadamente al suelo y las joyas quedan desparramadas por doquier).


Marita (en voz alta): - ¿Qué?... ¿Queeé pasa? ¿Qui-én es?... ¿Hay alguien ahí...?


Marido de Marita (en voz alta): -¡NOOOOOOOOOO! No, mi ange-li-to. Sigue durmiendo. Es una pesadilla. Por favor, es sólo una horrible pesadilla... ¡NOOOOOOOOOO! ¡NOOOOO MUCHACHOS! ¡MARITA ESTÁ DURMIENDO! ¡ELLA ESTÁ SOÑANDO! ¡NO VIO NADA! ¡NO SABE NADA! Por favor... llévense todo... sólo déjennos con nuestra felicidad.


Está embara... ¡PSSST! ¡PSSST! ¡PSSST! ¡PSSST!


Cuatro certeros disparos de arma de fuego con silenciador acaban de poner fin a un sueño y tres vidas.
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