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viernes, 22 de marzo de 2013

La historia más estúpida de los últimos tiempos (El conflicto palestino israelí)

Photo credit: gianluca-costantini / Foter.com / CC BY-NC-ND

Las próximas líneas no intentan describir eventos, analizar situaciones o contar cantidad de muertos para saber quién tiene razón. Nadie la tiene. Tampoco intento justificar la posición de un bando u otro. Son muchos años de sufrimiento para ambos pueblos. Probablemente ninguno de nosotros había aún nacido cuando este conflicto empezó. Continuar discutiendo con argumentos, sean estos cuales fueran, desde el aporte minucioso de datos bíblicos hasta la más detallada investigación sobre los actos de violencia, nos ha traído hasta aquí, vacíos de soluciones y con una sola respuesta: la situación continuará por siempre.

En cambio, quiero sugerir que tan sólo por un momento, los israelíes se pusieran en el lugar de los palestinos. Y viceversa. De esta manera podríamos observar que a pesar de que las pérdidas en todo sentido son superiores para los palestinos, los israelíes también las sufren. Esta situación les resta calidad de vida aumentando día a día sus angustias ocasionadas por la inestabilidad de la situación y su perdurabilidad en el tiempo. Por un lado, quienes se sienten conquistados durante tantos años deciden que no les queda qué perder y lo único que les resta es atacar, matar y morir. Por el otro lado, quienes viven continuamente amenazados, víctimas de secuestros y atentados, ya no encuentran “partner” para el diálogo, sienten que la otra parte no desea la paz y que sólo les queda la utilización de la fuerza para poder subsistir. Cada una de las partes posee sus razonamientos irreprochables pero que perduran a través de los años alargando y enfatizando las penurias de todos. Trayendo inestabilidad al mundo entero. 

Si cada una de las partes, como digo más arriba, se pone en el lugar del otro, descubrirá cuáles son las condiciones en las que puede ceder para estar más cerca de la otra parte procurándose la tan deseada independencia territorial y sin poner en riesgo la propia seguridad del otro. No estoy significando que alguna de las partes renuncie a lo esencial en el conflicto sino lo que sin poner en riesgo sus intereses más elevados muestre a la otra parte la predisposición a avanzar en un acuerdo que permita el florecimiento y progreso de ambas sociedades en paz y armonía. No existe duda que cada parte deberá realizar concesiones realmente dolorosas. Pero si no deciden finalmente tomarlas y demostrar al vecino que se está dispuesto a vivir en paz con ellas, el caos será eterno.

¿Cuáles son los intereses más elevados e irrenunciables de cada una de las partes? Ésta es la pregunta del millón, pero a mí, su respuesta se me hace muy clara y sencilla. Los palestinos necesitan una tierra de ellos, ser y sentirse libres, independencia y autodeterminación como pueblo. Los israelíes necesitan tener la seguridad que sus vecinos (o sus dirigentes) no volverán a atacarlos nunca más. Que los atentados, secuestros y todo tipo de violencia física desaparecerá para siempre de la lista de posibilidades. Esto resulta mucho más sencillo de lo que parece porque ambas partes pueden descubrir que les convendrá incluso renunciar a todo lo demás si fuera necesario, para procurarse la vida en sociedad que en realidad necesitan. Para educar a sus pequeños y que se conviertan en hombres de bien del mañana en vez de instruirlos con armas para enfrentarse hasta la muerte frente a un enemigo que odian; para continuar prosperando y educando a sus niños en paz sin la necesidad de estar alertas a una alarma para correr a los refugios.

Fijémonos, ninguna especie animal es tan estúpida como nosotros. Todo animal intenta defender su territorio y su alimento. Harán cualquier esfuerzo por procurarse lo necesario para su cría, su especie y para ellos mismos. Pero nunca tomarán actitudes que les quiten la calidad de vida a la que pueden asumir. En algún momento sabrán renunciar a su primacía territorial y hasta a su alimento, para conservar la vida y la de los suyos. De esta manera logran siempre la compensación de acuerdo a su propia naturaleza. Ninguna especie animal ha sido jamás aniquilada por completo por otra. Sólo el ser humano lo ha hecho. Tenemos mucho que aprender de los animales.

Volviendo a nuestro tema, diré que mi propuesta es la única y definitiva solución. Se podría haber llevado a la mesa de negociaciones hace ya tanto tiempo. Pero dicen que “nunca es tarde cuando la dicha es buena”... o quizás no tengamos la dicha y debamos continuar por siempre haciendo honor a nuestra esencia estúpida como especie.

R. S.


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