google-site-verification: google5c087a0da00728df.html 'cookieOptions = {...};' msg,En este sitio se utilizan cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúas navegando, entendemos que aceptas su uso. ESCRITOS de Rudy Spillman: La esencia egoísta del ser humano



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viernes, 8 de febrero de 2013

La esencia egoísta del ser humano

No existe ser humano que no sea egoísta. Toda nuestra actividad está siempre destinada a la propia satisfacción. Existen dos niveles de comprensión del egoísmo. El primero es el tradicional, considerado negativo al mostrar a un individuo que se ocupa sólo de sí mismo expresando apatía respecto de los demás. Coincide con la definición que nos ofrece la Real Academia Española:

"Inmoderado y excesivo amor a sí mismo, que hace atender desmedidamente al propio interés, sin cuidarse del de los demás.”

El segundo, surge de la profundización filosófica del término y que no sólo resulta positivo sino que expresa una característica humana esencial imposible de cambiar. ¿A qué nos estamos refiriendo? Para comprender este principio que constituye una de las bases de los sentimientos de toda persona, bajo parámetros normales de comportamiento, nada mejor y más descriptivo que un buen ejemplo: 


Una madre deja de lado su realización profesional personal por dedicar su vida, de manera completa a la crianza de su hijo. Esta actitud será considerada como total falta de egoísmo basada en el profundo amor de la madre hacia su hijo. Pero si profundizamos un poco encontraremos que su actitud no es menos egoísta que otras. Esa madre siente una satisfacción indescriptible ocupándose de su hijo. Superior a la que le otorgaría su realización como profesional Todo sacrificio en tal sentido, lo realizará con enorme placer. Todo sufrimiento lo aceptará como única elección, pues responderá a su propio y egoísta sentimiento de amor por aquel hijo. Amén del posible bien que le cause a su niño, su actitud habrá tomado vida a partir de una particular e íntima necesidad sentimental propia.

Puede resultar difícil aceptar los términos expresados en el párrafo anterior. Para reforzar el concepto, supongamos que dicha madre, en vez de amar a su hijo, lo odia, situación que no escasea en nuestra cotidiana realidad. En este caso, una madre exenta de todo sentimiento de egoísmo dedicaría y protegería a su hijo en los mismos términos que lo hacía la madre anterior, a pesar de su odio hacia él. Esto lo podríamos describir como falta absoluta de egoísmo al no velar dicha madre por sus propios intereses sentimentales. Pero esta actitud no existe. Cuando una madre odia a su hijo, lo maltrata, intenta quitárselo de encima, a veces lo abandona a terceras personas y llega a extremos de quitarle la vida. Existe una única excepción en estos casos. La devoción religiosa suele exigir distintos tipos de sacrificios personales, sufrimientos y hasta automutilaciones para expresar el amor y respeto a un determinado Dios. En aquellos casos la persona debe desprenderse de todo tipo de egoísmo. Pero éste suele ser un fenómeno viciado por la fe absoluta, el temor y el fanatismo. No se alude aquí a ninguna religión en particular pues dichos casos pertenecen a todas las religiones.

Para resumir el concepto, diríamos que el más puro sentimiento de amor, que es el que se siente por todos nuestros congéneres, está repleto de egoísmo ya que nuestra devota dedicación al prójimo es lo que llena de bienestar y felicidad el alma. En última instancia, nuestro comportamiento normal siempre nos llevará a suplirnos necesidades propias, aun cuando éstas coincidan con brindar nuestras vidas al bienestar de los demás.

"El amor es la expresión de egoísmo más pura de quien ama expresado en la necesidad de procurar el máximo bienestar al ser amado, incluso a costa de sí mismo”

R. S.



de Helen Maran ¡VISÍTALO!

1 comentario:

J.H. dijo...

Disculpe la intromisión. Tengo encomendado dejar un comentario en este blog para otorgarle un premio de parte de Eduardo Martos. Él no puede hacerlo porque, con casi total probabilidad, sigue encerrado en el sótano donde lo dejé.

Reciba un cordial saludo,
J.H.

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