google-site-verification: google5c087a0da00728df.html 'cookieOptions = {...};' msg,En este sitio se utilizan cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúas navegando, entendemos que aceptas su uso. ESCRITOS de Rudy Spillman: Mis diferencias con el método Vipassana
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viernes, 25 de enero de 2013

Mis diferencias con el método Vipassana


Cuando hace aproximadamente diez años conocí el método Vipassana de meditación hindú me entusiasmé mucho. Era lo que yo venía buscando hacía casi treinta años, durante mis primeras incursiones en la meditación y demás disciplinas del alma y la mente.

Evolucioné de manera rápida y efectiva debido a las intensas prácticas que requerían dos horas diarias (era lo aconsejable) y mis aislamientos periódicos de diez días de duración en los centros de aislamiento y meditación.

Después de ocho años ininterrumpidos de prácticas decidí abandonar mis visitas a los centros de la Entidad, pero continué con el mismo ritmo y a veces aún mayor, de las prácticas en casa. Empezaban a aparecer en mí pequeñas diferencias, algunas conceptuales y filosóficas; otras relacionadas sólo con la práctica.

Luego de mucho pensar, analizar y practicar mis cambios aplicando el método de la observación en los resultados, tomé una afortunada decisión: dejaría el método Vipassana de meditación y adoptaría uno nuevo, mío propio, nacido de mis experiencias y necesidades. No puedo dejar de subrayar la influencia positiva que han tenido en mí, el antiguo método de control mental de Silva y la escuela de meditación Vipassana, sin los cuales hubiese carecido de la valiosa materia prima para que mi nueva práctica pudiera ver la luz.

He aquí, a continuación, mis diferencias con el método Vipassana, al que tanto agradezco, valoro y respeto y sin cuyas directrices jamás hubiese contado con la posibilidad de crear un mundo propio de la meditación: 

Que todo ser vivo sea feliz

Ésta es una de las premisas fundamentales del método. Explicaciones por las que la misma ha sido adoptada no se dan pero es obvio que siempre será algo bueno desear la felicidad de toda criatura viva. Mi rechazo a aceptar dicho principio se apoya en la imposibilidad de su aplicación. La felicidad es una sensación privativa del ser humano en función a las exclusivas características de su cerebro-mente-alma-espíritu que lo convierten en la única criatura viva consciente de sí misma. Todos los aspectos exteriores de otros seres, en especial de los animales domésticos como el perro, que parezcan mostrarnos sus momentos de felicidad son simples parecidos con lo que nosotros conocemos como especie. Creemos que en determinado momento el animal se siente feliz porque equiparamos la expresión externa de su sentir, en su parecido con la nuestra. El perro siente una satisfacción y alegría que expresa de manera inequívoca pero de las que no es consciente de forma subjetiva. De todas maneras, nuestras características humanas hacen que procuremos el placer y bienestar de nuestros animales domésticos. Pero sería más exacto que lo hiciéramos sin equiparar sus emociones y sentimientos a los nuestros.

Para comprender mejor nuestra incapacidad para la aplicación de este principio digamos que una mosca también es un ser vivo. Esto es absolutamente cierto. Pero ahora intentemos imaginar a esa misma mosca sintiendo felicidad. Esto sería como desear que todo ser vivo hable. Incluso de los pájaros como el loro o cualquier ave de la familia de las psitaciformes, que son las que más se acercan a la vocalización de sonidos de los humanos, no podemos decir que hablen. No poseen en su cerebro el centro del habla que caracteriza al ser humano. Logran aprender la repetición de ciertas palabras al poseer una estructura fonética quizás similar pero nunca podrían aprender un lenguaje y aplicarlo en su totalidad para comunicarse. En muchos sentidos, los parecidos a nosotros de otras especies vivas, a veces nos confunden.

No matar ningún ser vivo

Recuerdo mis primeros tiempos en los centros de aislamiento y meditación, en los que debimos adoptar la costumbre de dejar vivir a cualquier insecto que apareciera en nuestro camino. En épocas de abundantes mosquitos lo único que se permitía eran los repelentes de insectos rociados sobre la piel. Con el paso del tiempo, las largas horas de meditación y profunda concentración me fueron trayendo un panorama distinto de la realidad respecto de este tema. La Naturaleza es sabia y nunca se equivoca. Es perfecta en sus principios. Ello hace que lo que es, deba ser. Existen animales que sirven de presa a sus depredadores, pero a su vez son depredadores de otras especies más pequeñas que ellos. La muerte de algunas especies en manos de otras forma parte del ciclo evolutivo de todas las especies vivas en el planeta. Podemos evitar eliminar mosquitos con el simple uso de repelentes. Pero ¿qué pasa si me ataca una fiera salvaje y mi compañero de safari le dispara causándole la muerte para evitar mi trágico final? ¿Ha hecho lo correcto? ¿O debiera haber dejado que las cosas sucedieran sin su oportuna intervención? Creo que a nadie se le ocurriría dudar sobre la respuesta adecuada a estas preguntas. Y lo mismo ocurre si mi hijo contrae una enfermedad bacteriana imposible de combatir con medicamentos que no sean poderosos antibióticos a los que dicha bacteria fuese sensible. ¿Qué debería hacer? ¿Suministrarle el remedio que “matará” todas las bacterias en su organismo o dejar morir a mi hijo? ¿Debería fumigar con pesticidas mis cultivos para evitar su destrucción por parte de la langosta o debiera dejar a ésta alimentarse de ellos a satisfacción? Existen muchos ejemplos y una misma respuesta que creo que ya todos conocemos.

No combinar con otras técnicas

Éste es un principio con el cual estuve por completo de acuerdo ni bien comencé mis prácticas con el método Vipassana. Y no me arrepiento de ello. Cuando uno decide probar algo, en cualquier aspecto de la vida, es importante que lo haga de manera exclusiva, usando lo que se va a probar, en su forma más pura sin mezclarlo o intercambiarlo con otros, puesto que de lo contrario, cuando obtuviéramos los resultados no sabríamos bien a quién atribuírselos. Si sufro de acidez estomacal y pruebo dos medicamentos a la misma vez no podré saber cuál de ellos ha logrado un mejor efecto en mi organismo. Pero luego de transcurrido un tiempo ingiriendo un remedio que me sienta bien, también podré descubrir que combinando una determinada dosis del primer medicamento con una dosis de otro logro sentirme aún mejor. O en su caso, si el medicamento que me sentaba tan bien ya no lo hace, podré probar otro y quizás descubrir que el cambio o alguna otra combinación me ha beneficiado. Por supuesto que en el caso simbólico de nuestro ejemplo siempre será un médico el que realice las diferentes pruebas con los medicamentos recetándoselos al paciente. En definitiva, a través del tiempo y con los grandes progresos que iba obteniendo del método Vipassana, fueron surgiendo en mí otras necesidades de continuar evolucionando y adaptando la técnica de meditación a mis requerimientos personales. Los resultados iban avalando mis intenciones. El éxito era absoluto y yo me sentía mejor que nunca. ¿Y qué podía haber de malo o contraproducente en la innovadora actitud que yo había tomado? En mi caso, se trataba de estar bien, lo mejor que pudiera. Y continuar avanzando en mi superación espiritual como persona. No dudaría en volver a realizar cambios en mis prácticas, tantas veces como fuera necesario, en tanto lograra mi cometido.

R. S.


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2 comentarios:

rosscanaria dijo...

Rudy, pues ya me explicarás tu método porque a mí todos los que he intentado aquí en España, me resultan prácticamente inútiles...
Un abrazo y besa a Helen de mi parte es que tengo una infección de la circulación y me salen úlceras superdolorosas, ahora mismo tengo la pierna vendada con unos apósitos de sulfato de cobre que no veas como escuece, estoy con la pierna en alto...
Besazo y lindo domingo TQM,

rosscanaria dijo...

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