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viernes, 2 de noviembre de 2012

Sobre la existencia o no de los milagros



Tenía cáncer de pulmón. Según pronóstico médico le quedaban escasos meses de vida. La enfermedad remitió. Desapareció por completo y para siempre. No había empezado siquiera con la primera sesión de quimioterapia.”

"Se había atragantado con un carozo. Llegó con pérdida del conocimiento a urgencias del hospital. De inmediato le practicaron una traqueotomía. Pero ya era tarde. Estaba en estado de coma profundo. Diagnóstico: muerte cerebral, estado vegetativo. Recuperó el conocimiento después de tres años.”

"Cayó desde el balcón de un apartamento ubicado en el undécimo piso de un edificio. Con asombro se intentó explicar que su caída había sido amortiguada en su trayecto por unos cables que colgaban, luego por un techo de fibra plástica y la densa copa de un árbol, para finalmente caer sobre un montículo de arena. De todas maneras, ni los médicos podían explicarse cómo el bebé de apenas nueve meses de vida sólo sufría de algunos leves rasguños luego de lo que debía haber sido una caída fatal.” 

Podríamos continuar enumerando casos similares pero distintos. Relacionados todos por un común denominador: el milagro. Y entonces comenzaremos a debatir: ¿Se trata de un milagro o de un hecho común y esperado? Lo que nos permite tildarlo de tal es el hecho estadístico que nos muestra que muchos casos parecidos terminan mal. Pero ese específico resulta que ha terminado bien. Nos asombramos y exclamamos: ¡Esto ha sido un milagro!

Un milagro es pues, en estos casos, el resultado bueno de un acontecimiento que debiera haber terminado mal. Muy mal. A priori esto parece una contradicción. Si resulta imposible que algo suceda, no puede suceder. Ni siquiera una vez. Si sucede significa que es posible. Entonces todo se reduce a la asiduidad con que tal resultado se presente cuando suceden dichos hechos. Entonces podremos descubrir que somos nosotros mismos los que con nuestros pensamientos y programación estaremos frenando el resultado deseado cuando no lo creemos posible y por ende no lo esperamos. Y en cambio, posibilitaremos su concreción cuando abramos nuestras puertas mentales a la concreta posibilidad de que tal resultado tome lugar. Lo traeremos hacia nosotros con mayor poder si además de desearlo nos sentimos convencidos de su posibilidad en nuestro acontecimiento concreto.

"Los milagros existen pero pueden llegar a ser tantos
y tan comunes que se haga innecesario llamarlos así.
Todo depende de nosotros y nuestra forma
de pensar respecto de los mismos”

R. S.


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