google-site-verification: google5c087a0da00728df.html 'cookieOptions = {...};' msg,En este sitio se utilizan cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúas navegando, entendemos que aceptas su uso. ESCRITOS de Rudy Spillman: La espera de las abuelas
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viernes, 15 de junio de 2012

La espera de las abuelas



El susurro en los patios molesta a las abuelas que esperan, se despoja el cielo de su manto húmedo y varicoso, los techos de lata acompañan los vientos con su metálico sonido. Y finalmente despierta una mañana más de trabajo rutinario, de ruidos repetidos, de soles y sombras escondidos entre los caminantes de una ciudad sin novedades, pertrechada de amuletos tintineantes, guardada entre antigüedades y modernismos a la espera de lo mismo, lo que a aquellas abuelas impacienta.

El sordo ruido de los alumnos en las aulas y sus intrépidos pelotazos de los recreos. La plaza salpicada por las aguas de las rocosas fuentes que sacian las sedientas gargantas de las palomas mientras los oficinistas aprietan los archivos con más y más carpetas, con más y más papeles. Hasta que el caluroso y hambriento mediodía descansa en los bares, los restoranes, las cocinas de las casas. Esas casas con el susurro de sus patios que tanto molesta a las mismas abuelas. Esas abuelas que esperan, pero que no desesperan. Tienen fe en los tiempos, en la continuación de las mañanas, en los soles que suben y bajan, en las hamacas de los niños, que como péndulos marcan las horas que faltan. Ya poco falta para que las abuelas abandonen sus tejidos y sus palabras en cotorreo, para que los padres dejen sus oficinas para volver a casa. Que los niños estudien, jueguen, peleen y luego sueñen esas noches estrelladas, desde sus almohadas, embebiéndose la luna en sus sueños que los calma. Así desfilan los quehaceres de la ciudad que no duerme de las personas que como títeres se mueven creyéndose activas. Hasta que el día que las abuelas esperan, llega. Más precisamente el momento. El más importante de sus vidas. El que paraliza la ciudad para emblematizar el festejo que se ve iluminado por la luz de todos los soles del universo. Para dar sentido a la verdadera alegría, al propósito eterno de un programa de vida. Encendiendo para siempre las sonrisas de las gentes, estirando sus labios con promesas de cuidados, de repeticiones, de siempre lo mismo, lo mejor, lo de mayor valor. Lo que permite a las eufóricas abuelas dejar de tejer cuando sus gastados oídos alcanzan a escuchar los primeros gemidos. Entonces sus tan largamente usados ojos se fijan en las sonrisas de las madres... y ven en ellas lo único que tiene sentido mientras sus deformados cuerpos empiezan a remoldearse. Buscan con éxito los tamaños y las formas originales. La historia comienza de nuevo... dejando todo lo demás atrás.

R. S.



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1 comentario:

rosscanaria dijo...

Maravillosa hustoria y qué realidad se esconde en ella
Besos de lindo fin de semana Rudy,

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