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lunes, 26 de marzo de 2012

A Lyani, mi primera nieta


El día que nacemos, de verdad, ¿es el día que nacemos? ¿O se trata de nuestra más cómoda conveniencia a los efectos de registrar el nacimiento de un hijo o hija? Luego tendremos fecha cierta para apagar las velitas cada año, festejar, hacer fiesta y embadurnarnos de tortas y regalos.

En cierto modo es verdad, luego de nueve meses de gestación llega el vástago (en su momento lo fuimos cada uno de nosotros) con toda la aparatosidad, ansiedades, esperas, festejos, llantos, risas, riesgos... y dolores maternos y del feto. Los físicos y también los emocionales. Todo un equipo profesional dispuesto a hacer las cosas bien y recibir con apoteosis y todos los honores al recién llegado. El símbolo más efusivo de lo que todos llamamos “vida”.

Pero esto no parece ser así. Como todo lo que los humanos interpretamos. Esta es la interpretación que la damos a un evento, el más importante de nuestras vidas, íntimo, confuso, de fecha imprecisa, tímido, silencioso, ausente, escondido... del cual nadie se entera hasta luego de ocurrido. Con excepción de la Naturaleza que lo sabe todo y todo lo hace. Y lo hace bien aunque salga mal (en nuestra limitada comprensión). Porque es la única que sabe y respeta que todas las cosas simplemente “sean”. Y luego que han sido deberemos ser nosotros, los imperfectos humanos, los que lidiemos con lo que nos gusta o no de lo que ha sucedido.

Sí, es verdad. No es el día que luego de las esperadas y dolorosas contracciones, la vagina se dilata como no lo había hecho nunca antes para dar paso a este ser único, arrugado, mojado y empapado del rosa tenue de la más bella esperanza, emitiendo su primera e irrepetible música lacrimal de anunciamiento “a cappella”, misterioso signo de vida que luego de nueve meses separa dos vidas para unirlas nuevamente para siempre.

Solemos decir que “ha llegado al mundo”. Y esto sí es verdad. Pero sucede el día que ha sido concebida esta nueva vida. Porque ya está entre nosotros aunque permanezca dentro de su madre. Y éste, más que una fecha es un momento, el de la concepción, que podremos estimar pero no conocer. No existe prueba más elocuente de ello que el amor que uno siente por ella cuando toma conocimiento del hecho, aún mucho antes de conocer a la personita albergada en el vientre materno. Todo queda en el mismísimo y maravilloso misterio de su bendita creación.
                                                                               

A Lyani, mi primera nieta.
A quien agradezco el haber llegado a nuestra casa
permitiéndome finalmente expresar un amor
guardado durante tantos años, hacia ella.
(Nacida nueve meses antes del 25-3-2012,
fecha en que la pudimos conocer)


R. S.



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1 comentario:

Carmen Troncoso dijo...

Maravillosa la vida, que tu nieta sea bendecida, un abrazo feliz,

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