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lunes, 20 de febrero de 2012

Todo empezó en casa (ensayo sobre la violencia) - Primera Parte


El presente no intenta desarrollar un análisis psicológico del comportamiento humano en la sociedad. De estos existen muchos trabajos. El propósito de este texto se reduce a observar en la superficie de nuestras experiencias los resultados de una violencia que, si bien ha nacido con nosotros, se ha escapado de nuestro control de manera desproporcionada incluyendo a veces a personas consideradas de elevada tendencia pacífica. Una vez de acuerdo con dicho antecedente y el nada halagüeño pronóstico que van tomando los acontecimientos, nos disponemos a desarrollar una simple teoría de aplicación práctica a los efectos de disminuir a niveles razonables este perjudicial comportamiento social del individuo y por el cual se erige a sí mismo como principal víctima de su accionar. Una vez finalizada la lectura y si coincidimos en los mecanismos a aplicar en aras de revertir tal situación, deberemos hacerlo también en el sentido de que el proceso de cambio tomará al menos el tiempo que va de una generación a la siguiente y que tal vez sea menor al que se ha empleado para destruirlo prácticamente todo con respecto a la comprensión, tolerancia y respeto que debieran conducir nuestras mutuas relaciones.

La creciente violencia en la que vive inmersa la sociedad en la mayor parte de las latitudes del planeta comienza en el seno de nuestro hogar. Luego se expande a la escuela y entre nuestros amigos o los que alguna vez lo fueron. Así es como vamos contagiándonos unos a otros, en los vecindarios, lugares de trabajo, clubes deportivos, entidades, organizaciones, reuniones. Sin advertirlo vamos esparciéndola por las calles de nuestro barrio, en el transporte, en nuestra ciudad y a donde vayamos. Una vez instalado el germen de la violencia dentro de nosotros, éste se irá desarrollando a medida que crecemos. A menos que lo advirtamos y hagamos algo en contrario. De esta sencilla pero triste manera van transcurriendo los años. Algunas personas estudian, progresan, reciben diplomas. Van abriéndose camino a partir de sus habilidades, inteligencia, capacidad, esfuerzo, méritos, oportunidades, suerte... y a veces, con utilización de la violencia, o intentando en su caso, saber manejarla mejor que otros para lograr neutralizar las agresiones recibidas del medio en que se desarrollan. Hay quienes merced a su vocación, supuesta capacidad y profundo deseo de ofrecer su granito de arena en favor de la sociedad donde viven llegan a conformar las listas de personalidades públicas. Así logran cumplir su sueño, han alcanzado la privilegiada “elite” de los políticos. Desean convertirse en verdaderos servidores públicos y dedicar su tiempo en favorecer a los demás. O no. En algunos casos, sus intenciones escondidas son otras. En otros casos, aunque inicialmente éstas sean las mejores y más nobles, una vez allí, en el trono de los reyes sin corona, puede ser que el ego y las ansias de poder los arrastren a un nefasto juego que en principio no deseaban. Pero siempre estarán también los inquebrantables, los incorruptibles, los que al "todo tiene su precio" le anteponen su "no está en venta". Así es como a grandes rasgos, el niño que por vez primera presenció la descarnada lucha verbal y a veces también física, de sus progenitores, continuó peleando con sus hermanos y luego con los compañeritos de escuela. Y todo, sin entender el porqué de sus acciones. Este mismo niño es el que después de varias décadas y sin saber cuántos ríos de violencia han pasado bajo el puente de su vida, tanto los externos, que con su torrentoso caudal han desbordado sus cauces, como los internos, los retenidos acumulando su devastadora fuerza destructora detrás de los diques de su conciencia, llega a ocupar importantes cargos públicos en aras de la defensa del bienestar y progreso social de sus conciudadanos. Los jefes de estado, ministros, jefes máximos de las fuerzas armadas, diplomáticos, presidentes de los entes internacionales moderadores entre países; todos, han sido también aquel niño. Pero también los directores de escuelas y los maestros, que sin proponérselo han sabido transmitir el germen a sus alumnos; los periodistas, directores y productores del cine y la televisión, hombres y mujeres del mundo mediático, todos, utilizando su derecho a la libertad de expresión, se expresan y se han expresado. Las escenas de extrema violencia contenidas en los films, unidas al realismo de las desgarradoras imágenes periodísticas de los noticieros de actualidad diseñan un componente explosivo para infantes y adultos que se nutren de de los mismos diariamente.

Cada guerra ha comenzado mucho antes de haberse declarado. En el seno de aquellos hogares. El mundo es una especie de jungla, pero humana, y mucho más peligrosa que la animal.

Se dice que el ser humano nace con “el gen de la violencia”. Podríamos en parte estar de acuerdo con esta afirmación. Pero ¿quien le da alas para remontar vuelo de la manera que lo hace? Definitivamente, esto no está en sus genes. Lo hacemos nosotros mismos y una vez que la sociedad ha quedado impregnada, se trata de ir reclutando alumnos a medida que van naciendo, cuando sus cerebros y sus mentes no están aún moldeados. La tarea parece ser bastante sencilla. Entonces, ¿cómo comienza la historia de la "violencia generada, aprendida y enseñada"? Y de qué manera podremos detener su desarrollo y evolución, si es que esto es posible? Veamos pues, de qué forma se desarrollan los acontecimientos y cuál es nuestra teoría para desviarlos hacia un destino mejor, de convivencia en paz y amor. Y sin la necesidad de eliminar por completo ese supuesto “gen de la violencia”, el que por algo será que está allí, en nuestra esencia humana, pero no en nuestro previo origen cósmico, donde formamos una unidad. Quizás lo esté, como un “gen” que debe estar para permitirnos sobrevivir. Como ocurre con el aire que respiramos, pero que debemos cuidar que no sea contaminado por sustancias químicas. Puesto que en tal caso el efecto que obtendríamos de la respiración sería contrario al que esperamos.

La próxima semana: segunda y última parte de "Todo empezó en casa".


de Helen Maran ¡VISÍTALO!



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