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lunes, 21 de noviembre de 2011

Caminatas de sol y de piernas



El presente artículo contiene exclusivamente material informativo no debiendo ser interpretado como reemplazante de asesoramiento profesional alguno. Su contenido no presupone recomendación de tratamiento médico o alternativo de ninguna especie y su utilización es responsabilidad exclusiva del lector.


A medida que avanzamos en años y nos acercamos a la vejez se va haciendo cada vez más difícil mantenernos sanos. Esto ocurre de manera natural por el propio devenir de los procesos de desarrollo y evolución del organismo humano. Aun así, existe la posibilidad también natural, de demorar este proceso alargando nuestra vida, pero en especial, nuestra calidad de vida, manteniéndonos lo más sanos que nos sea posible durante el mayor período de tiempo que podamos.

El proceso de demora en nuestro envejecimiento se está llevando a cabo de forma artificial pero muy eficiente, merced a la meteórica evolución de la tecnología y procedimientos de la ciencia médica. Amén de ello, asistimos simultáneamente a la concienciación cada vez mayor de la influencia que la correcta alimentación y ejercicio físico ejercen en nuestra salud. Dicha toma de conciencia nos ayuda en el tema de manera también muy eficiente, pero natural. 

La madurez y el envejecimiento van limitando muchas veces nuestra capacidad de movimiento. A nivel mental se manifiesta através de una especie de amodorramiento que nos invita a estarnos cada vez más quietos. Los dolores en todo el cuerpo, la fatiga, el cansancio, la falta de fuerzas y energía, escasos deseos de acciones físicas. Nos ha llegado la “edad del descanso”. Sentimos la sensación de que estando quietos estaremos mejor. Pero no es así. O al menos, no del todo.

El ser humano nació, entre otras cosas, para moverse. Debemos saber que el permanecer en estado estático o sedentario de manera permanente o por períodos largos puede causar daños a nuestra salud. La aparición repentina de una cierta acumulación de enfermedades la atribuiremos a nuestra avanzada edad sin advertir que es probable que debido a nuestros años hemos empezado a quedarnos demasiado quietos y es esta situación la que ha colaborado en la aparición de padecimientos, como diabetes, cardiopatías, dolencias intestinales, estrés, depresión, etc.

Existen situaciones en las que el moverse no depende de la decisión voluntaria del individuo. En dichos casos deberemos atenernos a la situación y lidiar con ella de la mejor manera posible. En el resto, debemos concienciar que vale la pena hacer un primer esfuerzo. La depresión, debilidad, dolor muscular, cederán una vez puesto el motor de nuestro organismo en marcha. Si decidimos llevarlo a cabo temprano en la mañana habremos logrado cambiar el resto del día en nuestro beneficio. Me estoy refiriendo, a las caminatas de sol y de piernas.

Hago referencia al sol debido a que ya que hemos decidido hacer el esfuerzo y caminar convendrá hacerlo en horarios en que podamos estar expuestos a sus rayos, siempre y cuando no sean los ultravioletas. Preferentemente convendrá hacerlo entre 8:00 y 10:00 a.m. De esta manera, además de los grandes beneficias de la caminatas estaremos recibiendo dosis suficientes de vitamina D, muy difícil de obtener si no es através de los rayos solares, e imprescindible para nuestra buena salud. Media hora diaria de estas caminatas nos ayudará a mantener nuestra calidad de vida con más salud y energía.

Mi alusión a las piernas pareciera redundante pues no existe otra posibilidad de realizar caminatas más que con ellas. Sin embargo, mi intención es recalcar y poner el acento en la correcta utilización de nuestros miembros inferiores a la hora de llevar a cabo el ejercicio. Me refiero a caminatas enérgicas, a un ritmo medianamente acelerado, con cómodas y adecuadas zapatillas de sport. Deberemos tener en cuenta que dichas caminatas no las podremos realizar con éxito mirando vidrieras en un centro de compras.

De esta manera observaremos cambios en nuestra salud general que se operarán de forma inmediata, hasta el extremo de sentirnos bien y revitalizados enseguida después de la caminata o durante la misma. Otros se experimentarán en plazos más largos en los que podremos prevenir o curar enfermedades más o menos importantes. Y pensar que antes de salir a caminar nos encontrábamos decaídos, aplastados y pensando si en realidad valía la pena el esfuerzo.

R. S.


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