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lunes, 29 de agosto de 2011

Que nos devuelvan nuestros niños

Imagen: YA ERA HORA


La moda de los últimos tiempos nos muestra una situación preocupante en los estratos socioeconómicos más elevados de la sociedad. En especial, las pequeñas niñas de 3 a 7 años de edad son vistas calzando zapatos de taco alto. El futuro daño que pueden estar causando en criaturas que a esas edades no realizan este tipo de reclamaciones (lo que significa que se trata de una elección de los padres o la ya conocida y nefasta influencia publicitaria para imponer productos en el mercado) es tanto físico como psicológico. 

El individuo nace con su conformación ósea y muscular preparada tanto para desplazarse en sus dos miembros inferiores como para hacerlo apoyando sobre el suelo la planta completa de sus pies. Suficiente daño a la columna vertebral, el cuello, las caderas, entre otros posibles, puede estar causando el uso muy continuado de calzado con taco muy alto por parte de las mujeres adultas que caminan como si lo hicieran siempre en punta de pies. Si trasladamos esta continuada posición artificial y forzada ejercida sobre el cuerpo en criaturas cuyo desarrollo y crecimiento está en pleno apogeo los daños pueden resultar mucho más severos, permanentes e irreversibles.

A todo ello debemos agregar el aspecto psicológico. Las niñas a las que nos referimos suelen acompañar dichos tacos altos, de soberbios peinados, vestuario y maquillaje propios de gente adulta. Como si se pretendiera cercenarles la infancia. Esto me parece demencial. ¿Qué es lo que pretenden los padres con semejante comportamiento? ¿Satisfacer los requerimientos y necesidades de sus hijas o mimar su propio ego?

Creo que es una verdadera vergüenza que este fenómeno se produzca en sociedades educadas, cultas, se supone que medianamente inteligentes y que desean lo mejor para sus hijos. En aquellas familias que disponen de los mejores servicios médicos existentes. ¿Como es que ocurre algo así? Agreguemos a todo ello que dichos famosos son los más imitados por el resto de la sociedad. Entonces, deducir que muy pronto toda una generación de niños y niñas se presentarán frente a nuestros ojos envueltos en traje y corbata, sofisticados peinados, maquillajes, lápiz labial al rojo vivo, tacos altos, zapatos de charol, perfumes de Chanel... no parece ser tan descabellado. Y pronto, no quedarán niños en este mundo. El único motivo que nos quedaba por el cual continuar luchando.

Antes de que el hombre logre, entre todo lo natural que destruye, hacer lo mismo también con la niñez, esperemos que aparezca el milagro de la “concienciación”, palabra mágica que pueda devolvernos a nuestros hijos. Y que ellos mismos crezcan de acuerdo a su propio ritmo y naturaleza. Ya que una vez que lleguen, bastante complicado les será aprender a ser adultos.

R. S.

1 comentario:

Carmen Troncoso dijo...

Modificar el proceso de la niñez es ensuciar su espíritu,

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