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lunes, 21 de marzo de 2011

Nuestro demonio interior

Imagen: YouTube
La ira proviene de mi interior. Aun cuando pareciera ser causada por otros. Y la de los otros no me contagia. Son los miedos que me impiden manejarla de una manera correcta. Pero a la misma vez me cuesta trabajo poder ver esto. Y si no lo veo es como si no existiera, en cierto sentido. En el peor de los sentidos. ¿Porqué? Porque si no descubro lo que me sucede no podré arreglar nada. Y lo que es peor, el daño en mi interior continuará creciendo y desarrollándose. El hecho de no saber nada al respecto no elimina su existencia. Mi tiempo transcurrirá haciéndome un ser cada vez más irascible. Esto me hará sentir mal y no sabré qué es lo que me ocurre. Pero me ocurre. Y el daño crece. Mi calidad de vida disminuye dañando también la de los que me rodean. Y aún más, la de mis seres queridos, los que yo más quiero.
Porque la ira necesita nutrirse de los afectos. La indiferencia la mata aún antes de haber nacido (si es que esto es posible) y sin que yo tenga que hacer nada. Lo que no me importa nunca me irritará. Por eso a veces siento deseos de que no me importe lo que me importa. Pero esto es un engaño. El peor, porque es un autoengaño.



En alguna etapa de mi vida puede ser que llegue a comprender intelectualmente todo esto. Pero, ¿servirá de algo? No me será de utilidad si mi comprensión intelectual no lograra generar el sentimiento. ¿De qué sentimiento se tratará? Del de amor. Pero en su máxima pureza. El que alberga el alma aún antes de haber nacido. El único existente en su estado más puro. Proviene de nuestra unidad cósmica. Es pura energía. De la mejor. Sin contaminaciones como el odio, la envidia, los celos, el rencor, la avaricia... el temor. Todos sentimientos degenerados de su patrón y que sólo podremos sentir experimentándolos luego de haber nacido. Pero también podremos depurarlo nuevamente luego, alejándonos de las enseñanzas impartidas por la sociedad cuando consideremos que corresponde. Nuestra nueva actitud llegará cuando seamos conscientes de la situación. Y si así lo deseamos.

R. S.

1 comentario:

Carmen Troncoso dijo...

Cuando la ira tiene tu cara, tiene tu voz, hay que hacer algo,

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