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lunes, 21 de marzo de 2011

La injusta justicia


Cuando las instituciones de cualquier país democrático acumulan prueban suficientes como para considerar la posibilidad de que se haya cometido algún delito ponen en funcionamiento un procedimiento. Entonces se procesa a la o las personas físicas aparentemente involucradas en el o los hechos delictivos. Estos deben previamente aparecer descriptos en los códigos penales vigentes correspondientes. Así se van configurando las figuras delictivas como el homicidio, violación, robo, hurto, estafa, defraudación, defalco, cohecho, abuso de poder, malversación, y tantas otras detalladamente descriptas en los volúmenes legislativos existentes pero que sería imposible de nombrarlas todas aquí.

¿Cuál es la intención de la justicia?  La búsqueda de la verdad. Esta pesquisa, por así llamarla, detrás de lo que realmente ha sucedido son los fundamentos por los que existen principios previos a aplicar, como el de la "presunción de inocencia", por el cual serán siempre las instituciones las encargadas de demostrar la culpabilidad del individuo y nunca al revés; o el que alude a la existencia de "dudas razonables" ante las que la justicia se inclinará por absolver a los procesados al considerar que no se han reunido las pruebas fehacientes y suficientes que den credibilidad a tal presunción de culpabilidad.

En nuestra realidad diaria son repetidos los casos de conversaciones privadas entre acusado y letrado que culminan más o menos así:

"Cuénteme todo lo ocurrido".

En virtud del "secreto profesional" y sabiendo el acusado que lo relatado es escuchado por la persona de mayor confianza y que jamás será utilizado en su contra, éste suele contarle "toda la verdad". A veces ésta lo incriminará y entonces el profesional intentará utilizar todos los procedimientos legales para minimizar la responsabilidad que deba asumir su cliente o incluso a veces, lograr eliminarla por completo, lo cual no sería justo pero ocurre en la realidad. Otras veces, del relato del acusado se desprenderá claramente su falta total de vinculación con los hechos y por ende estará exento de toda responsabilidad. Pero su relato no será creíble ni estará de acuerdo con las pruebas que lo delatan. Entonces dirá el abogado:

"No le conviene contar esto. Pensarán que miente y lo condenarán. Le aconsejo relatar esto otro, o aceptar tales hechos para evitar ser condenado por otros más graves y así poder minimizar la pena". De esta manera se concretan los “acuerdos extrajudiciales”.

De pronto el acusado, inocente de todos los cargos, se ve encerrado dentro de un escenario social que lo señala con el dedo y encuentra que debe mentir para obtener el veredicto que merece de acuerdo a la veracidad de los hechos. Descubre que relatando la verdad el resultado será el más injusto. Por medio de la mentira intentará llegar a la verdad.

Detrás de este hombre sin suerte habrá muchos otros que “la sacarán barata" pudiendo así llegar a un arreglo extrajudicial que los favorece al responsabilizarlos en una menor medida de lo que en realidad merecen. Tampoco aquí se habrá administrado justicia como corresponde. Y todo esto ocurre porque la justicia no es humana. Sólo se trata de una pretensión que se suele quedar a mitad del camino.

R. S. 

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