google-site-verification: google5c087a0da00728df.html 'cookieOptions = {...};' msg,En este sitio se utilizan cookies propias y de terceros para mejorar nuestros servicios. Si continúas navegando, entendemos que aceptas su uso. ESCRITOS de Rudy Spillman: Con amor y respeto
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lunes, 21 de marzo de 2011

Con amor y respeto

Escuchar, leer o decir estas dos inspiradoras palabras sienta bien. En nuestra cotidianeidad cuesta a veces encontrarlas en la verdadera aplicación de lo que ellas expresan. A mí, personalmente, me recuerdan siempre a aquella conocida y enigmática periodista, Paloma Efrom (Blackie), la que acostumbraba despedirse al dar cierre a cada uno de sus programas televisivos, diciendo: “...con amor y respeto”. Blackie ha sido siempre una elocuente embajadora de lo que estos términos representan.
Se me ha dado también por pensar en el contenido intrínseco de estas palabras. Su verdadero significado. Tanto quien ama como quien respeta es valorado. Pero también quien es amado y respetado se hace digno de admiración no en menor medida. Es fácil amar y respetar a alguien que lo merece cuando estos sentimientos surgen de la expresión pública como podemos apreciar que ocurre con las personalidades del amplio espectro social y cuyo desempeño y actividad es destacada a menudo a través de los medios de comunicación. Esto no sólo sucede respecto de individuos determinados, a veces se expresa hacia entidades, grupos, colectividades, países, etc. Es como si el sentimiento, al ser público y notorio, se contagiara.
En las relaciones interpersonales las cosas cambian un poco puesto que no siempre le resulta sencillo a una persona, amar y respetar de manera conjunta, a otra, o viceversa. Para ser más claros, la dificultad, aunque no en todos los casos y respecto de todas las personas, se presenta al intentar amar y respetar a alguien a la misma vez. Ejemplo clásico de esta incapacidad en la conducta puede ser constatado todos los días en muchos lugares de trabajo. El jefe “mano dura” que logre hacerse respetar por lo general no será querido. Por el contrario, el que se haga querer por su buen trato y elevada consideración hacia sus empleados, no será tan respetado. Pareciera “a priori” que ambas palabras, “amor” y “respeto”, vivieran subidas a un sube y baja psicológico por el cual, estando en movimiento, cuando una sube la otra debiera bajar, y viceversa. Pero esto no es así. El problema radica en no poder amalgamar ambos sentimientos dentro de nosotros y expresarlos a través de nuestra conducta.
Esta incapacidad proviene de la relación que de niños teníamos con nuestros padres. No todos los progenitores saben poner límites a los hijos haciéndose respetar, pero a la misma vez transmitiéndoles el amor que por ellos sienten. Y sobretodo, respetándolos a ellos y ofreciéndoles siempre una explicación sobre las medidas tomadas cuando éstas no cumplen con las expectativas de los hijos. Y ellos aprenden de los padres, al menos a edades tempranas. Quitarles la idea de arbitrariedad en las decisiones tomadas aumentará el sentido de respeto hacia los padres y no irá en desmedro del amor que por ellos sienten.
"Amar” no significa permitirle al otro hacer cualquier cosa y tomar toda decisión sin ningún límite “para que éste se sienta bien”.
"Hacerse respetar” no significa imponer nuestros criterios arbitrariamente e infundiendo temor “para que siempre se haga nuestra voluntad sin preguntar”.
Si logramos amar respetando y respetar amando habremos logrado la fórmula ideal para que los demás nos procuren igual trato”

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