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lunes, 21 de marzo de 2011

Al toro por las astas


Nunca he podido comprender las que a mi juicio resultan grotescas contradicciones. Pero sí entiendo que se trata de una incapacidad personal que hasta hace algún tiempo se manifestaba también en intolerancia.

Sé que aún hoy, y quizás por mucho tiempo más continuarán las especulaciones basadas en los resultados de una legislación que, como la misma palabra lo dice, ya es ley. Y en cualquier sociedad de derecho, a una ley democráticamente instituida, se la respeta.


A mí me ha llamado siempre la atención que en un país como España, a la vanguardia entre los países solidarios del mundo, con cada vez más extraordinarias individualidades dejando de un día para el otro el bienestar de sus vidas privadas para dedicarse por entero a sociedades relegadas, a mejorar el medio, a salir de su propio y protegido cascarón para mostrar su tremenda empatía hacia el bien de sus semejantes y del planeta todo, pudiese existir y subsistir una tradición tan antigua, basada no ya en matar un animal para nuestra alimentación (actividad que muchos también critican), sino matarlo por deporte y entretenimiento y lo que a mis ojos resulta más grave, torturándolo e infligiéndole sufrimiento frente a un público que aclama como si nos encontráramos en los antiguos circos romanos.

Me alegra sobremanera que la propia sociedad española, a la que aprecio y admiro, esté haciéndole justicia al animal. Aun así, comprendo a las personas que vivían y disfrutaban de las corridas, no los juzgo ni los critico. Muchos han nacido en medio de la tradición. A todos nos resulta siempre difícil abandonar una parte importante de nuestra cultura aunque esto sea lo correcto por hacer. Como al esclavo que nace esclavo, es probable que en un principio le duela su libertad.

Existen voces que comentan que esta nueva ley rompe con una centenaria tradición poniendo en pie de guerra a dos grupos sociales bien definidos. Me entristeció enterarme y mucho espero que esto no sea así. Yo les preguntaría a los que están enojados: "Si en algún rincón del mundo nos encontráramos con una tribu que por tradición practicara el canibalismo (y aunque cueste creerlo, las hay), ¿Estaríamos dispuestos a reconocer su derecho por el hecho de tratarse de una tradición o pensaríamos que existen tradiciones bárbaras que nunca debieran haber existido?

De corazón espero que la sociedad española que tan alto ha llegado en muchas áreas sociales y que aún lo está, se encuentre más unida que nunca en su deber de comprenderse mutuamente. Sin intención de restarle importancia al tema, pensemos que los deportes y entretenimientos siempre podrán ser reemplazados por otros aunque nos cueste un poco la adaptación.

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