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lunes, 21 de marzo de 2011

Filosofía del desconocimiento

El siguiente texto es de ficción pero se adentra en la filosofía del desconocimiento, permitiéndonos divagar, asociarnos y disociarnos de ideas casi simultáneamente, comprometiéndonos sólo con nosotros mismos respecto de nuestras búsquedas aun sabiendo que es muy probable que al final del sendero permanezcamos sin saber nada.

El único gran sueño



Absolutamente nada existe. Ni siquiera el vacío. No existimos nosotros ni nada de lo que nos rodea. No existen los átomos ni las moléculas. No las galaxias ni los sistemas solares. No lo abstracto ni tampoco lo concreto. No existen las plantas ni los animales. No los mares ni los colores. No las virtudes ni los errores. No existe el tiempo ni las costumbres. Ni la historia, de nada ni de nadie. No existimos nosotros, los humanos. Ni nos cubren los cielos que tampoco existen. Ni Tierra alguna nos alberga. Ni ningún Dios nos protege…
Es imposible intentar explicar la Teoría de la Inexistencia Absoluta. Puesto que no existe la forma de probar que absolutamente nada existe. Se trata de un acto de fe. De profunda convicción y creencia. Y que a la vez, no nos impida continuar viviendo esta ilusión. Pero sin la necesidad de creer en los Grandes Misterios de lo Desconocido para el Hombre. Sí, el hombre, pues, es el único ser que cree desconocer cosas, porque cree conocer otras. Cuando en realidad se equivoca en ambas apreciaciones. Se trata de temas como el de la existencia, el tiempo, el espacio, la eternidad, la vida, la muerte, el infinito. Somos tan solo los protagonistas de un inmenso y único sueño. Un sueño eterno. Un sueño sin tiempo.

Cuando soñamos, vivimos nuestros sueños como una exagerada y a veces grotesca realidad. Pero al despertar descubrimos el engaño al que hemos sido sometidos por nuestra propia naturaleza. A veces alegre y otras, tristemente. Pero casi siempre encontramos que los mismos hacen referencia a nuestras propias vivencias de la vida real. La que nosotros creemos que existe. Nuestros sueños son el lugar donde nosotros armamos la telaraña de nuestras vidas de acuerdo a nuestras propias necesidades. Y sin ningún tipo de conciencia sobre ello.

Un eterno sueño no soñado por nosotros es lo único que existe. Es un sueño único. Y es lo único que existe ¿Qué es lo que diferencia a nuestros sueños (los sueños humanos), de este único y gran sueño que nos estaría haciendo vivir y creer en una vida que en realidad no existe? Este gran sueño es todo lo que hay, hubo siempre y siempre habrá. Existe por si solo sin que nadie lo sueñe. Por eso es que no tiene comienzo y tampoco final. Porque nadie ha debido dormirse para que comenzara y nadie nunca de él despertará. Todas las complicaciones de la vida se dan tan solo dentro de este único gran sueño. La Nada es demasiado simple para aceptarla tal cual es. Para aceptar que la Nada es Todo lo que hay.

Durante un infinito número de "años" (palabra inventada por los humanos como medida del tiempo), este sueño soñó cosas como rocas, planetas, estrellas, espacios, nubes, soles, vientos, aguas, tierras en sus diferentes formas: cráteres, montañas, volcanes, islas. Y soñó cantidad de diferentes situaciones entre las mismas. Hasta que se produjo una primer mutación importante en aquel sueño. La aparición del color verde. Y así fue como el sueño se vio entretenido durante unos cuantos millones de años más, soñando con prados y valles y algas marinas. Y disfrutó soñando a los árboles crecer dando sus frutos. Y soñó con jugosas verduras y frutas. Y con coloridas flores. Y continuó soñando durante mucho tiempo, sin tiempo, con todo lo que el hombre dio en llamar como los primeros vestigios de seres animados, la vida vegetativa. Luego hubo una nueva mutación en el sueño. Comenzó a soñar con peces y pájaros. Y luego una tercera: soñó con animales terrestres. Hasta que se produjo en el sueño, la última de sus mutaciones: la aparición del hombre. Pero esta última mutación traería un cambio muy importante que el sueño introdujo con la creación de su nuevo personaje: se imaginó (soñó) un ser con conciencia, con alma, sentimientos, inteligencia. ¿Y qué era todo esto? Nada. Nuevas características inventadas y aparecidas en el nuevo personaje del sueño. Así fue como el sueño creó un ser con espíritu. Capaz de razonar. Y desarrollarse. Hasta el punto de poder superar al propio sueño que lo creó. Y así poder taparlo, esconderlo, convertirlo en inexistente. Para poder él, el hombre, existir. Y así perdurar y convertirse en el dueño de la Creación. Ayudado por un Dios, nacido de su propia necesidad, para poder sepultar definitivamente a su verdadero y único origen: este único gran sueño. Pero en los últimos tiempos ha ocurrido una quinta mutación. La que amenaza al hombre con abrir aquella sepultura y descubrirlo. Entonces el hombre sucumbirá. Salvo que decida enfrentar su verdadero destino. El destino de no ser nada. El destino de formar parte de La Nada Total. La que siempre ha estado y siempre estará. La que no necesita creador, pues no hay lo que crear. La que simplemente está. Sencilla, monótona, aburrida. Sin posibilidad del más mínimo cambio en ella. Pero la única real…Esta Nada Total flota en una absoluta soledad. Ni el átomo o molécula más pequeños podrían reconocer su existencia, pues no existen. Es ella sola flotando en un espacio inexistente, aceptando y reconociendo su única y solitaria realidad.

Fragmento extraído del libro: "El Ente Dvorak", de mi autoría.




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