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lunes, 21 de marzo de 2011

Confesiones Públicas

Quizás a más de uno de los lectores le ha ocurrido que se ve impulsado a leer dos o más veces el mismo libro. Pero no en el mismo momento de la primer lectura sino colocando una cierta distancia temporal entre ambas. En estos casos es común experimentar una rara sensación de que ciertas partes del texto han sido modificadas o que han sido agregadas partes que la primera vez no estaban, como si una mano invisible empuñando una pluma decidiera hacer de las suyas una vez finalizada la primera lectura. Por supuesto que se trata de una ilusión que no hace más que corroborar que nuestra mente disuelve, resalta, esconde, tapa, transforma, se concentra y desconcentra de lo que le viene en gana. Sus motivos tendrá.
De todas maneras, amén de desayunarme de tanto en tanto, con las sabias palabras de
Hermann Hesse, en Siddhartha , suelo, también dejando espacios entre lecturas, releer mis propios dos últimos libros publicados: "El Paraíso Escondido detrás de Nuestras Desgracias" y "Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?"
No, no vayan a pensar mal. No se trata de un falso narcisismo literario por mi parte o que me encuentre embelesadamente deslumbrado por mi propia obra. No, nada de todo aquello me sucede. Casi, diría, que lo que me ocurre es todo lo contrario.
Bastará con leer (...¿o releer?) el prólogo de mi último libro publicado (envuelto y protegido en sendas frases, de Sófocles y Hesse), para quedar enterados.
¿Estaré, de manera inconsciente, utilizando a mis lectores, de psicólogos? No lo sé. Pero ante la duda, les debo una consulta.
Fragmento extraído del libro: Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?
Ser útil a los demás,
en la medida de sus fuerzas
y según sus medios,
es para un hombre la más
hermosa de sus empresas.
Sófocles
Prólogo del Autor
Recopilando Reflexiones es, en cierto modo, la continuación de El Paraíso Escondido detrás de Nuestras Desgracias. Si bien carece de técnicas o métodos de autoayuda, abunda en reflexiones profundas y las que no lo son tanto, que me permiten advertir hasta que punto temas entroncados con nuestras vidas se me han quedado en el tintero. Pido aquí disculpas al lector de mi primer libro, por el apuro que puse en su publicación dejándolo acéfalo en sus partes vitales, las que hoy se ven complementadas y completadas con este segundo libro que intentará irrigarlas de principios que permitan al lector vislumbrar la unidad de conceptos.
Asimismo, siento la obligación de expresar aquí lo que omití decir entonces y que es igualmente valedero para ambos textos y consiste en sincerarme por completo con el lector, como condición "sine qua non" para la vigencia de los mismos. He aquí mi declaración:
Lo único que me ha impulsado a escribir, primero El Paraíso Escondido detrás de Nuestras Desgracias y ahora, Recopilando Reflexiones, es la casi certeza que entonces me invadió y que hoy persiste en mí, de poder ayudar a través de mis experiencias y reflexiones, a mis congéneres, en el mejoramiento de su salud, de su estado de ánimo general y a poder vivir una vida de felicidad plena (como la llamo yo, porque la felicidad si no es plena, no es felicidad, es quizás sólo euforia momentánea). Como lo he expresado también alguna vez, no soy médico ni científico. Esto es importante que el lector lo sepa, por dos razones:
La primera es que el trato es de igual a igual. Aquí el autor es también un lector más y esto es en el estricto sentido de la palabra. Vengo releyendo mi primer libro sobre autoayuda (El Paraíso Escondido detrás de Nuestras Desgracias) de tanto en tanto, intentando una y otra vez, el éxito en preceptos que entiendo y comparto pero que todavía no he logrado del todo aplicar.
La segunda hace una corta referencia a la forma de expresarme en la escritura de mis textos. Soy consciente de que a veces lo hago como si de un catedrático, erudito o alguna otra autoridad en la materia se tratase. Pero aseguro que en mí no se alberga la soberbia. Nada más lejos. Soy un hombre común con apenas cierta capacidad para escribir y otra para pensar. De ambas, parece haber surgido, quizás por don de la Providencia, este bagaje de experiencia que se traduce en constantes mensajes de mi mente explicándome como se debe hacer para vivir una vida plena de felicidad. Explicaciones que de todas maneras no logro del todo implementar. Es por ello que explico al lector que soy un lector más. Y me encuentro en el mismo camino de quien se identifique con los principios y las premisas que aquí se escriben. Y en el cual avanzaremos unos más y otros menos. Cada uno a su propio ritmo y esto será igualmente meritorio para todos.
Recopilando Reflexiones es mi primer libro que no cuenta una historia. A través de sus aforismos y su prosa en general, intenta salpicar nuestras conciencias en forma desordenada pero precisa, de reflexiones que nos inciten a un incisivo análisis de cada situación. Aquí ofrezco también al lector mi punto de vista sobre profundos temas filosóficos y existencialistas, sobre las relaciones interhumanas con sus connotaciones y derivaciones, socavando en los sentimientos del alma.
Una parte de los textos que habitan este volumen, ha sido extraída de mis libros publicados con anterioridad, por especial pedido de lectores que sin manifestarme su desinterés por mis relatos y novelas han querido ver recopilados en un mismo tomo mis pensamientos en temas puntuales de interés universal.
Me he permitido agregar escritos volcados en las páginas Web de mis blogs, borradores depositados en viejos cuadernos, a la antigua usanza y frases, aforismos y pensares extraídos todos de un diario íntimo cuyos orígenes datan de la década de los 80 y que hoy ha quedado en desuso, depositado en un emotivo cofre imaginario.
Espero que esta amalgama de letras, palabras y frases que se reúnen dándole texto a este libro sirvan a su principal propósito, esto es, aunar a todos los seres humanos (debiendo empezar tan sólo por mis lectores) en una reflexión mancomunada que nos pueda señalar hacia dónde nos dirigimos… y si deberemos quizás, cambiar de rumbo todos juntos, hacia un destino común.
Llegar a ser Dios quiere decir:
haber ensanchado tanto el alma
que pueda volver a comprender
nuevamente todo.
Herman Hesse

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