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sábado, 7 de marzo de 2015

La razón del loco


Aunque sé que el día 7 de mayo del año 1950 fui parido por mi madre y que por ello es que figura como mi fecha de nacimiento, hace muchos años, demasiados, que vivo con la constante sensación de haber estado siempre, desde todos los tiempos. Es algo que no puedo ver ni comprobar. Ni siquiera puedo decir que invade mi cuerpo. Quizás, mi alma. Pero esta sensación no se encuentra separada de otra. Yo diría que son lo mismo. Conforman un todo. Es la sensación, aunque no sostenida por mi razón ni la aplicación de mis principios de lógica, de que jamás moriré. La idea es incoherente, pero otra no me cabe. Y digo incoherente, porque la idea se entremezcla con la de muerte terrenal. Como si no pudiera creer que mi cuerpo aquí, en este planeta, algún día se acabará. Y esto es lo incoherente. Pero seguramente se trata de algunos misteriosos cables sueltos que han entrado en un temporario corto circuito con la energía universal.
Habrá quienes a esta altura de mi exposición, dirán: "se ha vuelto loco"; y otros quizás: "se ha enterado de la verdad". Lo cierto es que no puedo saber de dónde proviene esta sensación. Sólo sé que se ha apoderado de mí con la fuerza de la convicción absoluta.
Lo que esta situación ha traído a mi ser es un estado de paz y tranquilidad absolutos que ha ido in crescendo con los años. Además, me ha permitido detectar la falta de este estado, en mi cuerpo. Es como si pudiera ver mis trastornos (de todo tipo) desde fuera de mí mismo. Como si una parte de mi ser estuviese en la Tierra, dentro de mi cuerpo, y otra, fuera, en algún lugar de la estratosfera (por mencionar un lugar) y de alguna manera o por algún mecanismo, se mantuvieran constantemente conectadas. Sería como una cadena de internet, pero a nivel universal. Podemos mantenernos conectados al sistema las veinticuatro horas del día aunque no siempre lo utilicemos (naveguemos). Así me siento yo. Permanentemente conectado a las Fuerzas del Universo, aunque no siempre las utilice.
Impregnado de toda esta situación que ya no sé ni cómo llamar, imagino que caigo desde el espacio, poniendo mis pies descalzos y con mi cuerpo desnudo, sobre la tierra de nuestro planeta. Sería una manera "no mundana" o "extraterrenal" de nacer. Sí, es una forma infantil, nazco ya desarrollado. Pero es así como se presentan las imágenes en la sucesión de mis pensamientos. Comienzo a percibir todo a través de los cinco sentidos que vienen incluidos en mi fisiología corporal. Y de pronto me veo inmerso en un lugar ajeno a mí, donde lo primero que hace la gente al llegar, es llorar. Luego, junto con sus cuerpitos que van creciendo, se desarrollan todo tipo de sentimientos, incluyendo "el amor", en una versión muy diferente a la que traen antes de nacer. Y se juntan. Todos se juntan. Necesitan juntarse, para bien o para mal. Y entonces aparece "la enseñanza", tan buena y tan mala. Todos enseñan y todos aprenden. Y a la par de desarrollar sus cuerpos y sus mentes, también desarrollan enfermedades, en los cuerpos y en las mentes.
De entre la inmensa cantidad de inventos y descubrimientos por los que el hombre se pueda enorgullecer, el más sobresaliente por su impacto masivo, coyuntural y de influencia en la casi totalidad de los habitantes del planeta, es el dinero. Basta pensar en la cantidad de gente, por día, que por defender su dinero y propiedades, pierden sus vidas.
Quien llega a este mundo no percibe de inmediato las características del lugar al que ha llegado. Esta percepción se va desarrollando también en forma conjunta con la adaptación al medio y a medida que el individuo desarrolla sus sentidos, su intelecto y su razón. Cuando éstos se le han desarrollado, también se ha adaptado. Por ello es que le cuesta tanto saber si él hubiese hecho las cosas de igual manera de haber contado con la posibilidad de decidir.
Hasta no hace mucho, las revoluciones ideológicas sólo pasaban por el planteo de cambios estructurales en el ámbito terrenal, que es el que palpamos.
Acabamos de ingresar en la era de lo desconocido (sólo hasta que sea conocido), etapa extrasensorial que agudizará al máximo nuestros sentidos, permitirá la utilización de todo el potencial de nuestra mente y una vez flotemos en la eternidad del Universo, sin la necesidad de sentir nada a favor ni en contra, de nada ni de nadie, sabremos que hemos debido pasar miles de años de nuestra historia sumergidos en un ensoñamiento con características de pesadilla y que finalmente hemos despertado. Y esto, no producirá en nosotros alegría. Y tampoco tristeza.
Perdiendo la razón

Quien piense que con total seguridad tiene razón respecto de cualquier cosa, definitivamente, en su concepto básico no la tiene. Y esto es así porque en esta vida no se puede estar seguro de nada en un cien por ciento.
Cuando dos personas discuten sobre un tema, a veces se escucha a una de ellas decir, promediando la discusión: "Tú siempre quieres tener la última palabra". Pero dicha expresión significa que la persona que dirá esa última palabra es la que llevará razón en el asunto debido a que su interlocutor no tendrá nada que agregar o rebatir (procedente de una incorrecta o incompleta interpretación del dicho: "quien calla otorga").
Poca gente llega a descubrir lo reconfortante que puede resultar permitirle tener la última palabra a la persona con quien uno conversa. Las conversaciones llegan a un estadio de cosas en que cada uno dio su parecer volcando en la charla todo lo que tenía que decir. Convenció o dejó sin convencer. Luego, será mayor el disfrute de continuar escuchando (y quizás poder descubrir algo valioso que se nos había escapado) que seguir hablando cuando ya hemos dicho todo. El problema es que si ambos contertulios descubren este paraíso parlamentario finalmente los envolverá un silencio repleto de palabras ya dichas.
Cuando charlo o discuto sobre un determinado tema, a mí personalmente me es útil pensar que es posible que ni siquiera sea yo el que está pensando y hablando. Puede ser que la vida no sea más que otra cosa lejana todavía a nuestra limitada comprensión. Entonces, si así fuera, ¿qué seguridad podría asistirme de llevar la razón en el tema que nos ocupe? Es como encontrarse en medio de un desierto buscando entre sus inmensas arenas un grano de tamaño, forma y color específicos. Pero de pronto y en medio de aquella búsqueda, descubrir la posibilidad de que el desierto no exista.
Querido lector, si no estás de acuerdo con todo lo dicho te concedo la última palabra. De todas maneras no me resulta del todo claro que yo haya escrito este texto y que tú lo estés leyendo.

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lunes, 23 de febrero de 2015

¿Una limosna, por el amor de Dios?


Siempre recuerdo una anécdota de mis años en la universidad. Yo cursaba una materia llamada "Economía Política" y me entusiasmaba el dinamismo práctico y tan poco protocolar que aquel profesor de baja estatura e incipiente calvicie solía imprimir a la materia. Tampoco tenía aspecto de profesor y mucho menos la figura de quien impartiera enseñanza en una Facultad de Derecho. Aprendí mucho de él y fue una agradable experiencia. Una tarde, durante una de sus exposiciones, intentó explicar a sus alumnos, qué era lo esencial que movía al mundo desde el confín de todos los tiempos. Y debido a que un profesor en la universidad, por más chabacano que pudiese ser, no daría su explicación cantando y bailando la famosa canción de la película Cabaret, con la gran Liza Minnelli: "Money makes the World go round", optó por mirarnos a todos en forma pausada y sonriente, y explicó: "Si seres extraterrestres lograran acercarse a nuestra galaxia y rodear las inmediaciones atmosféricas de la Tierra... ¿saben ustedes, señores, que harían si vinieran con fines de conquista pacífica a nuestro planeta, luego de una corta observación secreta? El jefe estratega le hubiese comunicado al resto de los invasores: "Debemos hacernos de todos esos papelitos que hay allí abajo, trás los cuales todos corren desesperados. Una vez los tengamos en nuestro poder, los tendremos conquistados a todos los humanos".
Desde mi humilde perspectiva, he querido aportar mi grano de arena, tocando este tema tan conflictivo y que tan confundidos nos tiene desde tiempos inmemoriales, dedicándole unas líneas en mi libro: Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?, y que transcribo a continuación.

"...y por si eso fuera poco y por el mismo precio..." (conocida y famosa frase utilizada en la jerga de los vendedores ambulantes en la vía pública de mi ciudad natal, cuando éstos ofrecían a quien comprara su producto, otros cuatro más a título de regalo), les propongo revivir esa inolvidable canción en la voz de Liza Minnelli y el maestro de ceremonias de la película Cabaret, a través del video clip. Nos permitirá disfrutar mientras reflexionamos sobre el tema.

Nuestra Relación con el Dinero

Difícilmente exista situación más engañosa que la que expone nuestra relación con el dinero. La mayoría de nosotros creemos saber cuánto lo amamos o lo odiamos (figurativamente), pero no sabemos advertir que este sentimiento nuestro, por así decirlo, se encuentra relacionado con qué cantidad del mismo poseemos o carecemos. A veces, también tiene que ver con qué hemos obtenido del mismo, además de posesiones y/o bienestar. O qué es lo que pretendemos obtener. Resulta que quien haya interrumpido su relación con un ser querido por desavenencias económicas, quedando un vacío en su corazón; o quien haya sufrido un ataque cardíaco o cualquier otro trastorno grave de su salud como consecuencia de las peripecias económicas vividas (por dar sólo algunos de los tantos ejemplos existentes), suponemos que no manifestará hacia él gran simpatía, aun cuando reconozca su necesidad de poseerlo, como un mal necesario. Quien haya padecido profundas penurias económicas, a veces junto a sus familiares (pobreza, hambre, enfermedades, hasta llegar a veces a la muerte por falta de atención médica y/o provisión de medicamentos) creará probablemente, un lazo indestructible con el dinero que colocará a éste en primer lugar en su lista de prioridades con el único objetivo de obtener poder a través de su posesión y evitar carencias futuras.
Es también conocida la situación psicológica de alta dependencia al dinero con motivo del mal manejo o manipuleo de sentimientos como el amor, los celos, la envidia y por supuesto, la codicia, entre otros. En todos estos casos, la persona se crea la ilusoria sensación de poder satisfacerse afectivamente a través de su posesión. Aun en los casos en que dichas personas lograran relacionarse con otras que accedieran a vender sus afectos por dinero, esta actitud no dejaría de ser un error, en cuyo contexto ambas personas quedarían convertidas en víctimas de la misma trampa.
La obtención de dinero no puede nunca configurar una meta en sí misma, sino ser sólo vehículo para la obtención de ciertos objetivos. Pero dichos objetivos, como la adquisición de la casa, el automóvil o la avioneta de nuestros sueños, se descubrirán como metas ilusorias para lograr la felicidad plena, ni bien sean adquiridas.
El dinero en sí mismo no posee ningún valor intrínseco. Se trata de un trozo de papel o moneda a los que por motivos de comodidad se les adjudica un determinado valor. Es el intermediario existente entre los objetos de valor, consumo y servicios, y nosotros. Es la versión moderna y ágil del antiguo trueque.
Colocar la obtención de dinero como una meta en nuestra vida es un error que arrastra errores creándonos la ilusión de que acumulando cantidades astronómicas del mismo, seremos felices. No precisamos explicar aquí que esto no es cierto. Los resultados están allí fuera, por doquier, al alcance de todos los que deseen enterarse.

Toma la debida distancia del dinero a los efectos de poder atribuirle su verdadero valor. Si no permites que compre tu moral o que adquiera el dominio sobre ti, si logras adjudicarle su verdadero valor como herramienta de pago de todo lo necesario y lo utilizas como elemento de estabilidad material para hacer frente a las necesidades propias y las de los tuyos, lograrás servirte de él y no que él se sirva de ti. No lo utilices para obtener poder, no dejes que engendre en ti el sentimiento de codicia. No le permitas al dinero cambiar quien tú eres y estarás colocándolo exactamente en el lugar que le corresponde.Si has logrado purificar tu amor lo suficiente, sentirás la necesidad de compartir con el prójimo necesitado, una parte de tu dinero que consideres sobrante.
Rudy Spillman.
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miércoles, 18 de febrero de 2015

Anarquia Asolapada.

Vivimos tiempos en que se nos hace cada vez más necesario expresarnos, diciendo con todas las palabras lo que sentimos y pensamos. Retrotraigámonos un tiempo en la historia. ¿Dónde están los "San Martín" de los países sudamericanos, los "Lincoln" de los E.U.A., los "Gandhi" de la India, los "Ben Gurión" de Israel? Y así podríamos continuar indefinidamente nombrando gentes, países, situaciones... remembranzas de un pasado no tan lejano. Pero que ha quedado atrás. Nos abraza cada vez con más fuerza, la sensación de que esos tiempos no volverán.
La tierra se ha podrido. Ya no crece nada sano y pareciera a veces, que no quedase lo qué cultivar en ella.
No hablamos aquí de política. Los personajes históricos mencionados son personas y los personajes de historieta de hoy día intentan serlo. La política la hacen las personas y sólo a ellas me refiero.
Dos palabras que nos han acompañado durante largos años de historia, hoy subsisten tan solo en nuestro vocabulario y nuestra memoria: interés común. Un mal que no reconoce fronteras se ha apoderado de nosotros. Amenaza con extenderse como una plaga hasta abarcarlo todo.
La inusitada expresión de la violencia con sus llamativos matices es sólo un síntoma del germen que nos ataca.
Debiéramos saber unirnos amén de los límites territoriales. Debiéramos saber recordar las sabias palabras de Jean-Jacques Rousseau, en su libro El Contrato Social: "El hombre nace libre, pero en todos lados está encadenado". Debiéramos poder advertir finalmente, que sólo cediendo de nuestras libertades individuales podremos recuperar como un todo, atesorando bienestar y seguridad.
Sepamos matar el germen y habremos eliminado la enfermedad.

Transcribo a continuación, y a propósito del precedente artículo, un fragmento extraído de mi libro: "Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?"

La Violencia
Es sabido que desde hace millones de años el hombre viene evolucionando como todos los seres vivos. Difícil resulta precisar cual es el momento exacto en que el germen de la violencia se instala con las características propias que lo hace en la especie. Es probable que sea con la aparición del homo sapiens, cuyo cerebro muestra características definitivamente diferenciales. Tanto el hombre de Cromagnon como el de Nederthal desarrollan la habilidad de producir fuego, mejoran notablemente la fabricación de herramientas inicialmente utilizadas para la caza, reuniéndose en grupos que encuentran la forma de comunicarse, aun sin idioma pero sí a través de ideas abstractas. No es éste el espacio adecuado donde analizar los motivos por los cuales la violencia se instala en el ser humano con parámetros de crueldad que exceden todo lo imaginable. Pero pensemos que no existe ser vivo aparte del hombre, capaz de ejercer su agresividad hasta el punto de torturar y disfrutar observando el daño causado a sus congéneres.
Pero aun así, hasta hace 20 o 30 años, la violencia en el hombre no había llegado a los niveles de intensidad y proliferación a los que nos hemos debido ir acostumbrando. Basta reparar en las muertes por enfrentamientos, ocurridas en las canchas de futbol, el excesivo y desproporcionado crecimiento de la violencia casera (entre familiares y amigos), destacándose la violencia de género, la que hoy cobra un asombroso número de víctimas entre las llamadas "mujeres golpeadas" o la violencia callejera en manos de la adolescencia, representada por jóvenes cuyas edades nos producen escalofrío; para advertir que en los últimos tiempos algo ha cambiado mucho entre nosotros y en nuestro propio detrimento.
Dejando a un lado los crímenes, la delincuencia, las guerras y otros factores de violencia que siempre han existido, no podemos dejar de mencionar el fenómeno de la aparición masiva en todo el mundo del método "kamikaze" o "bomba humana", que si bien ha existido anteriormente, nunca se había manifestado en las proporciones a las que llega en nuestros días.
La carrera armamentista, el desarrollo y evolución del poder nuclear, químico y biológico nos utiliza a todos los seres humanos de títeres, dependiendo de la salud mental de algunos pocos líderes que decidirán si continuamos con vida o no, según se les ocurra mover los piolines de los cuales nos sujetan, en un sentido o en otro.

El cinismo humano nos lleva a presenciar la lucha de los "buenos" por defender las democracias del Mundo en aras de que los pueblos puedan mantener sus legítimos derechos de decidir sus propios destinos, cuando la Humanidad toda se encuentra a expensas de las decisiones de unos pocos.
Cuando nuestro éxito dependa de la aplicación de violencia, el fracaso de nuestra empresa por haber renunciado a ella, nos proveerá el mayor de nuestros éxitos: la paz espiritual que nos brinda el amor, el que se purificará más con cada renunciamiento que practiquemos por tales motivos.

 AVISOS
¿Habrán sido estos los últimos momentos del conocido líder nazi?
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miércoles, 11 de febrero de 2015

NADIE TIENE LA CULPA POR NADA


 
Se entiende que viviendo en sociedades civilizadas no podremos dejar correr este principio. Esto significaría la anarquía total y absoluta. Todo depende del nivel de comprensión en el que nos encontremos. O nos queramos encontrar. Vivimos en una sociedad en que las leyes nos obligan a hacernos responsables por nuestros actos (incluyendo nuestros dichos como una forma más de actuar). Esto parece ser lo lógico, aunque exista cada vez más gente intentando evitarlo, como así también, endilgando sus errores en otros o adjudicándose aciertos que no les pertenecen. Las normas en cualquier sociedad vienen a poner orden instaurando principios de justicia y equidad basadas en la lógica según es entendida por la mayoría en el lugar geográfico y tiempo cronológico en que nos encontremos. Éste es un primer nivel de comprensión y por lo visto, el único viable y aplicable.
Si deseamos ahondar en un segundo nivel, podríamos aseverar sin temor a equivocarnos, que no existe un mortal en pie que pueda ser culpado por algo.
Sin embargo aquí nos referimos a una culpa que no puede ser tocada ni por las leyes de los hombres ni por la moral. Proviene de la ley física de causa-efecto y no carga con tilde moral o ético alguno.
El famoso actor Will Smith declaró en su oportunidad, con palabras similares, que Hitler había actuado convencido de que hacía lo correcto. Sus declaraciones causaron conmoción en el mundo periodístico. El actor estaba en lo cierto. Pero nadie se molestó en interpretar correctamente sus palabras.
En un primer nivel de comprensión y que corresponde al buen y normal desarrollo de nuestra vida terrenal, Hitler continúa siendo el mismo monstruo de siempre, responsable de una de las atrocidades más espeluznantes en la historia de los genocidios y pasible de las penas más severas.
En un segundo nivel, "profundizando", lo que no significa "justificando", todo hecho tiene su explicación (lo cual no significa que hubiera una razón para que sucediera), como todo acto humano la tiene también.
Siento en este momento la impotencia propia de quien ha tocado un tema que fácilmente podría llenar estanterías y continuaría siendo insuficiente. Siento la invalidez propia del tullido que desea avanzar aun sin piernas.
Los dejo con una escueta síntesis del tema que he tocado en mi último libro publicado. Es otra versión de lo que por "culpa" solemos entender.

Asumir Responsabilidad sin Sentir Culpa

Un fenómeno muy común entre nosotros, los mortales, es el corrosivo sentimiento de culpa que solemos sentir, en especial, los que somos considerados seres "normales", en contraposición con los seres "sin escrúpulos", entre los que se cuentan muchos criminales y también a veces los que no lo son. Los psicópatas conforman otro de los grupos dentro del género humano que no cuentan con la posibilidad de desarrollar el sentimiento de culpa.
Lo anteriormente expuesto no significa que la "gente buena y normal" esté haciendo bien cuando se tortura sintiendo culpas. Es importante distinguir entre los que poseen la tendencia a sentir culpa por todo (o casi todo). Ellos se sentirán culpables por los hechos sobre los que en realidad son responsables, pero también sobre los que no lo son o les atañen a veces en forma lejanamente indirecta: Si no le hubiese permitido viajar esto no hubiese pasado, diría una madre angustiada al enterarse del accidente sufrido por su hijo, sintiendo ser la responsable directa del hecho. Estos individuos suelen disponer de grupos enteros de familiares y amigos dispuestos a convencerlos de que en realidad no han tenido responsabilidad alguna sobre lo acontecido. Y están también los que suelen sentir culpa, a veces con la misma intensidad que los anteriores, pero sólo luego de haber realizado un balance más objetivo y llegado a la conclusión de que les corresponde la culpa que sienten.
Por último, están y que no son pocos, los que "a priori" han decidido no ser culpables prácticamente de ningún hecho. Su actitud suele ser inconsciente pero sistemática, revistiendo el carácter de "misión casi imposible" el lograr convencerlos de su responsabilidad en algún hecho. Es probable que el intenso dolor propio o ajeno vivido en alguna situación de culpa experimentada en el pasado haya creado defensas por las que el individuo decida no volver a sufrir una situación emocional y afectiva similar. Aun así, no son conscientes de que lo único que resuelven, en tal caso, compete sólo al factor exterior revestido por su relación con los demás. En su fuero interno, su subconsciente alberga ese sentimiento de culpa, el que de una forma u otra molestará al individuo hasta que logre concientizarlo y lidiar con él. La sociedad los suele tildar de personas que están siempre a la defensiva. Pero dentro de ellos mismos, muy profundo, se libra una constante batalla de la que no suelen lograr defenderse con éxito.

Sin descartar el escuchar la opinión de los demás y tomarla en consideración, en última instancia, cada uno de nosotros deberá realizar un honesto examen de conciencia a la hora de indagar sobre su probable responsabilidad respecto de hechos que hayan causado algún daño o perjuicio. Pero si corresponde, y no ha sido intencional, asumir la culpa reparando en la medida de lo posible el daño causado y la predisposición a aprender una lección de vida que nos evite repetir el mismo error en un futuro, es suficiente. Los seres humanos somos imperfectos. Sentir la culpa nos causará un daño anímico agregado que en ningún caso reparará el daño causado.
El sentimiento de culpa en sí mismo es un sentimiento estéril que no lleva implícito propósito alguno que no sea la autoflagelación. Por supuesto que, como todo sentimiento, no resulta fácil de manipular a voluntad. Si existe, no se puede impedir a uno mismo el sentirlo. Pero reflexionar sobre lo dicho probablemente permita disiparlo con naturalidad y criterio, evitando así, que éste nos continúe atormentando.
(Fragmento extraído del libro: Recopilando Reflexiones ¿Hacia dónde nos dirigimos?

 Gracias Rudy Spillman.


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sábado, 7 de febrero de 2015

Vivir y dejar Morir

 De la eutanasia es uno de esos tantos temas en que mi pregunta queda atascada entre moléculas de oxígeno. Es de aquellas discusiones en las que me suelo conformar pensando que debe haber una explicación aunque yo no la comprenda. Dejemos de lado la religión, porque en nombre de la fe se puede argumentar cualquier cosa. Lo que yo no termino de entender es cómo se debate tanto con robustecidos guisos argumentales en su favor o en su contra. Se me hace como si de pronto se pudiesen constituir juntas imperiales con total poder de decisión para finalmente dejar institucionalizado, si mis propiedades continuarán siendo de mi propiedad (valga la redundancia) o el Estado o cualquier otro grupo de personas podrán decidir sobre las mismas. No es que menosprecie el valor de la vida comparándolo con el de otras de nuestras tantas propiedades. ¿Pero es que existe algo más propio que nuestra propia vida?
Cómo es que pueden las sociedades del siglo XXI arrogarse el derecho de querer obligar a una persona a permanecer con vida, infligiéndole quizás, vaya uno a saber qué sufrimiento, torturándolo de la manera más despiadada, puesto que sería una tortura amparada por la ley. ¿Qué tipo de ley puede asumir la arrogancia y el poder de meterse dentro de mi cerebro y mis entrañas y decidir sobre algo que no hay nadie que pueda saber mejor que yo mismo?
Los argumentos en contra, entre otras cosas, nos dicen:
- ¿Cómo podremos saber que quien firmó un testamento no se arrepintió a último momento?
- ¿Y si en un futuro cercano se encontrara una cura a la enfermedad terminal de la que se trata?
- Podrían aumentar los homicidios encubiertos con la intención de cobrar suculentas herencias.
- Podría aplicarse la eutanasia sólo a los efectos de incrementar el tráfico de órganos.
- Etcétera, etcétera, etcétera.
Pues, por supuesto que el enfermo se puede arrepentir a último momento y que se puede encontrar una futura cura a la enfermedad, como puede ser que se encubran homicidios de este modo y que se incremente el tráfico de órganos.
Cada situación en la vida trae la posibilidad de crear complicaciones y otras situaciones adversas. Pero los homicidios, malas intenciones, intereses inmorales y demás posibilidades no queridas ocurren aun sin la posibilidad de la eutanasia. En relación con el posible arrepentimiento por parte del enfermo, creo que se trata de una decisión privativa del individuo que posee la íntima convicción y asume la total responsabilidad respecto de su acierto o error. En definitiva, el beneficio o daño, cada persona se lo causará a sí mismo con la sola intención de acertar.
¿Quién podría arrogarse el derecho de imponer un castigo físico y psíquico, a veces indecible, a una persona, con el único argumento de evitar un "posible" error? Estaríamos causando un daño "seguro", que no da lugar a errores, durante un tiempo indeterminado y que a veces se hace eterno, acudiendo a tristemente débiles argumentos en procura de una hipotética e inexistente sociedad perfecta.
Cada vez que pienso en la eutanasia y presencio en mi calidad de testigo silencioso, el calvario que deben atravesar, seres que han decidido poner fin a un suplicio que sólo ellos conocen, siendo únicamente entendidos por desesperados familiares que desearían poderles ofrecer ayuda, como último y sublime acto de amor, debiendo atravesar todos, penosos procedimientos judiciales, que no hacen más que agregar dolor al que la providencia ya les ha impuesto, me pregunto con rabia, si en nuestra sociedad, el sentido de la lógica corre peligro de perderse entre frivolidades o se trata de un ataque masivo de hipocresía que intenta cercenar por siempre nuestra capacidad de reacción y de compasión. Pero descubro que no deseo por el momento, encontrar respuesta a semejante interrogante.
De todas maneras, debido a que me he acostumbrado a ir comprendiendo que siempre habrá quienes ven lógico lo que otros ven como irracional, dejo al lector con el siguiente artículo, cuyas fuentes nos llevan a Madrid y a Buenos Aires y que cada uno saque sus propias conclusiones.

En el mundo actual, el debate acerca de la eutanasia es cada vez más intenso y muchas personas se manifiestan a favor o en contra de la eutanasia o el derecho a una buena muerte para evitar sufrimientos físicos y psíquicos.
Pero sólo dos países, Holanda y Bélgica, tienen una legislación que permite la eutanasia. El 28 de noviembre de 2000, el Parlamento de Holanda aprobó una ley que permite la eutanasia y el suicidio con asistencia médica.
La ley de eutanasia de Holanda prohíbe su aplicación en personas menores de 17 años. La ley sobre eutanasia es muy precisa y la persona que quiera acogerse a ella debe cumplir estos requisitos:

• El paciente debe solicitar la eutanasia de forma voluntaria
• El médico debe estar seguro de que el sufrimiento del enfermo es insoportable y que el paciente no tiene posibilidades de recuperación
• El paciente y el médico deben contar con una segunda opinión médica que certifique que el doctor del paciente ha cumplido con los requisitos de la eutanasia
• La terminación de la vida debe ser llevada a cabo en una forma médica apropiada
Dos años después, Bélgica despenalizó la eutanasia. Desde el 23 de septiembre de 2002, los enfermos que están en fase terminal pueden solicitar la eutanasia cumpliendo ciertos requisitos:
• El paciente debe ser mayor de 18 años y estar mentalmente saludable
• El paciente debe solicitar la eutanasia de forma voluntaria, bien considerada y repetidamente
• El sufrimiento debe ser insoportable
• El paciente debe estar bien informado de su situación y de otras alternativas
• Un segundo médico debe confirmar que la enfermedad sea incurable y que el sufrimiento sea insoportable
• El paciente siempre debe hacer su petición de eutanasia por escrito.
• La eutanasia debe ser asistida por un médico
En Gran Bretaña, la eutanasia continúa siendo ilegal. Pero entre 1993 y 1994 la justicia autorizó a varios médicos a desactivar los aparatos de pacientes que eran mantenidos con vida artificialmente. En Escocia, en junio de 1996, el Estado autorizó a un enfermo a someterse a esta práctica.
En nuestro continente, el estado de Oregon, que forma parte de Estados Unidos, es la única jurisdicción que cuenta con una ley de muerte con dignidad. La legislación fue aprobada por los votantes en 1997.
La ley de eutanasia de Oregon establece requisitos similares a las legislaciones de Bélgica y Holanda. Pero, a diferencia de esos países, en Oregon el enfermo puede pedir al médico la prescripción de una sustancia letal. El paciente puede decidir dónde y cuándo desea morir.
En otros países la eutanasia avanza hoy a grandes pasos: China, Alemania, Japón e India podrían en breve anunciar su legalización.
Sin embargo, que la legalización de la eutanasia avance no significa que el debate ético haya concluido o haya sido superado. Los argumentos a favor o en contra son válidos y habrá que recorrer un largo camino para que surja algún consenso, deseable en momentos en que las divergencias entre las personas crecen.

¿Estará el mundo preparado para resolver este dilema ético? ¿A quién beneficia realmente este avance de la legalización de la eutanasia? ¿La eutanasia podrá contribuir a hacernos mejores seres humanos? ¿Contribuirá este debate a conformar nuevos paradigmas éticos para la humanidad de este siglo XXI?


Fuentes:
Fibla, Carla. Debate sobre la eutanasia, Ed. Planeta, Madrid, 2000.
Sábato, Ernesto. Páginas de Ernesto Sábato. Ed. Celtia. Buenos Aires, 1985.
Stuart Mill, John. Sobre la libertad. Ed. Salvat. Madrid, 2000.
www.terra.es/persona/eutanasia.htm
www.euthanasia.org/english_dutch.html

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viernes, 6 de febrero de 2015

Saltemos con el Zorro


Hay veces que lo mejor que uno puede hacer para encarar un tema serio es iniciar la tertulia con una humorada. Esto es debido a que se supone que cualquier tema serio nos tensará y el humor viene a disolver la tensión. Ya relajados, podremos ocuparnos de lo importante con la seriedad que se merece y lograremos así, probablemente, extraer lo mejor de nosotros mismos para resolver cualquier problema intrínseco en nuestro tema a tratar. Si de lo que se trata es de las relaciones humanas, tanto mejor. El relajante utilizado es el más adecuado.
¿Nos hemos preguntado alguna vez, porqué teniendo tanto amor para brindar entre nosotros, nos odiamos a veces tanto?
Sí, comprendo, más de un lector a esta altura, ya habrá reaccionado atacándome por semejante exabrupto, trayendo en forma inconciente, aquí y ahora, un claro ejemplo de lo que intento decir.
Sí, toda pequeña reacción como ésta, aunque la guardemos muy dentro nuestro, no hace más que minar nuestros espíritus. Y lo más triste es, que lo hace sin obtener ningún resultado. Es lógico que si este impulsivo sentimiento que nos arrebata de un plumazo nuestra calma y paz espiritual se presenta, deberemos dejarnos sentirlo y en lo posible, expresarlo, puesto que si queda dentro se multiplicará y el daño que nos provocaremos a nosotros mismos será mayor. Y quien se daña a sí mismo no puede hacer otra cosa que intentar dañar a los demás.
Lo que intento explicar imaginando la posible reacción de algún que otro lector, es mostrar de que manera algo tan pequeño e inofensivo como un pequeño copo de nieve del tamaño de una uva, pudiera deslizarse rodando sin detenerse, acumulando más y más cantidad de nieve (odio) de la que no se ha podido liberar, para finalmente verse convertido en una inmensa y peligrosa mole que arrasará a quien se ponga en su camino.
Si en el preciso momento en que concientizamos la aparición de este pequeño e inofensivo copo, nos ocupamos de disolverlo, estaremos evitando crear este monstruo que nunca resolverá ningún problema, pero sí amenazará con destruirnos (de alguna manera) y dañar a los demás.
Seamos pacientes, mostremos tolerancia con el prójimo, intentemos lentamente ir comprendiendo que cada persona se reserva el derecho a pensar y a hacer de acuerdo a sus propios criterios, al igual que nosotros mismos. Finalmente, lograremos comprender con naturalidad que existen seis mil millones de cabezas pensando de diferente manera a la nuestra. Y a todos nos asiste el mismo derecho a acertar como a equivocarnos.
El zorro de nuestra fotografía decide jugar saltando al rango con las ovejas en vez de comérselas. Esto es humor a través del ridículo. Nosotros, los humanos, no hagamos el ridículo a través del odio. Porque pueda ser que esto, nos quite el humor para siempre.
R.S.
 

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martes, 3 de febrero de 2015

Morirse de risa, es la mejor forma de seguir viviendo.de Rudy Spillman.




Hoy he despertado contento, alegre. No sé bien porqué hago este comentario si en 
realidad yo despierto así (con el mismo estado de ánimo) todos los días. Pero sí, hoy hubo una diferencia. Fui al baño, a los efectos de la acostumbrada higienización. Ni bien observé mi rostro ofreciéndome el acostumbrado feedback de la mañana frente al espejo, todo mi ser quedó inmerso en una tentación de risa que se continuaba sin mostrar atisbo alguno de querer detenerse (tampoco yo lo intenté). La risa resultaba reconfortante. Entonces ¿porqué intentar sofocarla cuando ha decidido instalarse, así porque sí, sin motivo aparente, en mi aun no higienizada boca, en forma de grotescas muecas y sonidos, que no hacen más que tentarme aun más (valga la redundancia), mientras atino a mirar, ya de reojo, mi destartalado ser a través del espejo y vuelvo a desternillarme de risa. Hasta que siento un reconfortante cólico estomacal (de los músculos, por supuesto) y carraspera en mi garganta. Todo va volviendo lentamente a su normalidad. Salvo por mi rostro empapado por las lágrimas de la alegría.
Entonces recuerdo dos aforismos que tengo escritos hace ya tiempo. El primero reza: No existen los sabios, sólo los menos ignorantes y el otro, dice: El ser humano mejor dotado intelectualmente es, sin duda, el que menor grado de estupidez posee.
Fue recién en ese momento que me di cuenta que me estaba riendo de mí mismo. ¡Y me produjo tanta satisfacción advertir que mi inteligencia relativa se basaba en mi grado de estupidez! Que eran inversamente proporcionales, una respecto de la otra. La primera aumentaría en la misma medida en que la segunda disminuyera. O viceversa. Todo es relativo y depende de la perspectiva desde la cual se observe. Pero convengamos en que nadie puede ser todo lo inteligente posible. Siempre existirá un área en que su grado de tontería aparecerá, por más pequeña que ésta sea.
Pero si yo esto lo sabía de antes, ¿porqué es que de pronto me causó tanta gracia esta mañana? Porque esto lo vi por vez primera en mí mismo y me di cuenta que estaba bien. Que era lo mismo ser muy inteligente que un idiota. Nadie puede arrogarse el conocimiento de qué es lo mejor. Pero sin duda, quien sepa que es tonto estará siéndolo en menor medida que otro que cree que se las sabe todas.
Por eso esta mañana no podía parar de reírme frente al espejo. No por mis pocos pelos parados o lo desalineado que pudiera aparecer mi rostro. Esa es mi fisonomía externa de todos los días al despertarme. Esto venía de más adentro y no se hubiese podido ver con ningún espejo.
Pasé un día espléndido, especial, mágico. Y me di cuenta que cuando el alma ríe no se necesitan motivos. Es la risa más saludable que existe. Y la que merece ser contagiada y no curada.
Espero que todos se contagien de mí (A mis lectores y curiosos que todavía no lo son).
Queda permitido pensar que soy un tonto.

Rudy.Spillman.
Morirse de risa, es la mejor forma de seguir viviendo.
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domingo, 1 de febrero de 2015

"Recopilando Reflexiones"

Aquí está. "Recopilando Reflexiones" aborda los temas desde una óptica diferente. Intenta enseñar y aprender las variadas connotaciones que se desprenden de las interrelaciones humanas. El porqué de las mismas y cómo éstas influyen en nuestro diario vivir.
El texto va de lo individual a lo colectivo, intentando descubrir porqué la Humanidad avanza retrocediendo y qué podemos hacer nosotros, desde nuestra casi insignificante individualidad para evitar el continuo deterioro como especie.
Se trata de otro libro, como su antecesor ("El Paraíso Escondido detrás de Nuestras Desgracias"), sobre autoayuda. No contiene método ni técnica alguna que no sea su propia lectura y comprensión. Intenta la autoayuda através de la filosofía y la reflexión.
Estimado lector: Usted podrá congraciarse o despotricar, llorar o reír, fastidiarse o asentir. Pero de una sola cosa estoy seguro: No podrá evitar "el reflexionar."
.............................................................................................R.S.
Avisos:
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viernes, 26 de septiembre de 2014

ISSIS, la oveja negra de la familia (Vídeo)



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viernes, 19 de septiembre de 2014

El favor denegado



¿Me puedes hacer un favor? Lee este artículo detenidamente hasta el final. Si no lo haces, no vuelvas más por aquí. Te retiro mi amistad para siempre.

Sé que quienes me conocen estarán pensando que en estos precisos momentos escribo desde mi internación en algún instituto neuropsiquiátrico por haberme vuelto loco. Pero no, esto no es así. Todavía no.
De este pequeño conjunto de frases con el que comienzo el post se pueden aprender varias cosas. La principal de ellas consiste en las constantes contradicciones en las que incurrimos los humanos y de las que pareciera que no deseamos salir.
He traído estas cuatro primeras oraciones con las que comienzo mi escrito a los efectos de que analicemos juntos su contenido:
Empiezo pidiendo de ustedes un favor pero luego de inmediato los amenazo con una represalia en caso de no ser satisfecho en mi pedido. En realidad, lo que yo llamo "favor" es una "exigencia". Un favor es un pedido de prestación de servicio o entrega de algo material o no y puesto a consideración del eventual benefactor teniendo en cuenta la posibilidad de una respuesta tanto afirmativa como negativa. Si sólo aceptaremos la primera no estaremos pidiendo un favor sino exigiendo algo en nombre de una amistad, relación familiar, favor brindado por nosotros con anterioridad, o cualquier otra excusa. En el caso específico de que el pedido se sustente en un favor hecho por nosotros con anterioridad y en nombre del cual a título de reproche realizamos el reclamo quedará en ese momento al descubierto que el tan mentado favor que creemos haber desinteresadamente realizado no era en nuestro inconsciente más que un "trueque" a futuro: "Yo te hago el favor hoy, pero tú quedas en deuda conmigo para mañana". Esta actitud no reviste ningún tipo de favor. Más se parece a una transacción comercial.

Bueno, aunque se me pueda acusar de no haberme apurado demasiado en aclararlo diré que todo parecido del texto al comienzo de esta nota, con la realidad es pura coincidencia. Siempre he sido y continúo siendo respetuoso de la libertad de cada uno a hacer lo que le plazca. Y me alegro de que así sea. Y de que cada vez que alguien me niega un favor me invada la seguridad de que por algún motivo que no necesito conocer, no ha podido hacérmelo. Es mucho mejor y seguramente más cierto que comenzar con esas acostumbradas cavilaciones que nos llevan a suponer que por algún vil motivo no ha querido hacérmelo. Y nuestro hasta ayer amigo de pronto se vea convertido sin razón, en enemigo.

De esa manera es como muchas veces vamos envenenando nuestro corazón con pensamientos que crean sentimientos en nosotros que no hacen más que ayudarnos a vivir una vida cada vez más miserable. Y lo más triste es que pensamos que han sido provocadas por los demás cuando en realidad siempre se originan en nosotros mismos.


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